Imagen

UN ELEFANTE EN LA SALA

 Vincent Cheung

 

¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. (Lc 12.51-53)

Algunos años atrás, tuve un altercado con una parienta. Era una seguidora devota de una religión no cristiana, y el conflicto había comenzado por causa de eso. Ella mantenía aquella opinión torcida de que todas las religiones son esencialmente la misma cosa y que todas conducen a la humanidad al bien, y en su devoción, ella alegaba que la familia era lo más importante. Algunas personas asumen que si una religión divide a una familia debe ser una secta peligrosa.

Ella decía: ¿no es la religión sobre la unidad? ¿No es la familia la cosa más importante?

Le respondí: Claro que no. La religión es sobre la verdad, especialmente la verdad sobre Dios y la verdad de Dios. Esta verdad lleva a la salvación y a la adoración correcta. Yo sostengo que la verdad está en Jesucristo y solamente en él. Y si usted no piensa así, yo condeno su religión como falsa. Como la religión es sobre Dios, ella es más importante que cualquier otra cosa, y es mucho más importante que la familia.

Luego agregue: “Aun así, si usted realmente cree que la religión es sobre la unidad y realmente cree que la familia es la cosa más importante, ¿Por qué no renuncia a su religión para que pueda haber unidad entre nosotros?

Ella se negó. Se da usted cuenta, ella era una hipócrita. Quería que yo ceda en mi fe para acomodarla a la suya, mas ella no se movería ningún centímetro, siendo ella la que estaba diciendo que la religión debería ser sobre la unidad y que la familia debería ocupar el lugar más alto.

Así es con todos aquellos que promueven la tolerancia y la diversidad religiosa y culpan a la fe cristiana de negarse a seguir sus agendas. Estas personas son falsas, hipócritas y contradictorias. Ellas no están realmente queriendo decir que todos deben aceptarse unos a otros, sino más bien que todos los cristianos deben abandonar sus creencias y abrazar esa miscelánea de locura y confusión. Si rechazamos ese absurdo, dirán que somos fanáticos y violentos, una amenaza para la sociedad.

Nos sea engañado. Ellas son mentirosas. Van a presentar a Cristo como alguien realmente que no fue, interpretando sus palabras para decir algo que él nunca quiso decir, o de algún modo van a manipularlo para hacerlo transigir de lealtad a Él. Muchos que afirman que la paz es mucho más importante que nuestras diferenciarías ideológicas, no van a renunciar a sus propias creencias para tener paz con usted. Muchos que pregonan la tolerancia y diversidad, su tolerancia y diversidad no tienen lugar para los cristianos que discrepan con ellos.

Tal vez hasta los contemporáneos de Cristo imaginaron que el traería armonía en todas las relaciones humanas, o al menos en las familias o el país donde el vínculo de sangre y nacionalidad existiese, esperando ser perfeccionados por ese grande profeta, o Mesías. Jesús dijo que eso es un mal entendido: El no vino a traer paz o unidad entre los hombres, sino que sería causa de división hasta en donde ella no existía antes. Él no estaba avergonzado de esto, él dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10.37)

La paz verdadera solo es posible cuando los no cristianos renuncian a sus religiones, sus filosofías, y sus creencias – que son falsas e irracionales – y se postran delante Jesucristo. La unidad verdadera solo es posible cuando los no cristianos levantan sus manos en alto y se arrepiente en polvo y en ceniza. Entonces habremos de abrazarlo y llamarlos hermanos y hermanas, padres y madres. A menos que esto acontezca, habrá siempre división entre nosotros.

Los no cristianos intentan culparnos por ello, más la división persiste porque la verdad llego, y ellos no pueden ahuyentarla. Él dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”. Eso es lo que él dijo. ¿Qué haremos nosotros al respecto? Ellos no creen en esto, pero nosotros sí. Las personas hablan del “elefante en la sala”. Bien, Jesucristo vino y está entre nosotros. Esto no puede ser ignorado. Si usted finge que él no está ahí o que no hace ninguna diferencia, él le pateara en la cara.

Como cristianos, ansiamos por paz, pero no nos satisfacemos con el fingimiento, con una paz que se basa en la transigencia, con una ilusión, o con esconder nuestras verdaderas creencias. Solamente quedaremos satisfechos con una paz que se basa en una creencia común en la verdad, la verdad que Dios nos ha revelado en Jesucristo y que ha registrado para nosotros en la biblia.

En verdad, como he declarado en un contexto diferente, Jesucristo tajo unidad, pero solo para su pueblo. Esa unidad era, de hecho, tan poderosa que sobrepaso muchas generaciones de preconceptos, de tal manera que judíos y gentiles aprendieron a aceptarse unos a otros, el rico abrazo al pobre y le lavo los pies, y las mujeres fueron reconocidas como coherederas con los hombres a través de Jesucristo, e inclusive ser sacerdotes de Dios, teniendo acceso directo al trono celestial, con pleno acceso a recibir una educación en la piedad.

Claro, en este respecto siempre hay trabajo por hacer, teniendo en cuenta que el pecado todavía habita entre nosotros, y nuevos creyentes llegan a las iglesias todos los días, mas fuera de Cristo no existe esta clase de unidad. Nuevamente, no me estoy refiriendo a una civilidad superficial que solo es posible por la transigencia y la eliminación de las divergencias, sino de una inquebrantable fraternidad unida por la verdad y por la fe. Sigamos entonces el ejemplo de Cristo, trayendo unidad donde debe haber unidad, y división donde debe haber división.

– Traducción: Natanael Vera