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ELECCIÓN SOBERANA DE DIOS

(Romanos 9:1-33)

Gordon Clark Haddon

Traducción: Raul Loyola Roman

Pablo, naturalmente, deseaba la salvación de su propia raza, y vio que el rechazo a Cristo por los Judíos y la justificación de los gentiles por la fe producía la ilusión de que la Palabra de Dios no tenia ningún efecto. ¿Las promesas no se habían dado a
los israelitas?

No, no se les dio a ellos. Por lo menos las promesas no habían sido dadas a los descendientes físicos de Abraham como tal. Ismael fue excluido en favor de Isaac. Esaú fue excluido en favor de Jacob Estas exclusiones son inherentes en la Promesa en sí, esto es, la elección es de Dios.

Por favor, tenga en cuenta que la elección fue hecha antes de que los niños nacieran y antes de que ellos hayan hecho bien o mal. Esto era para mostrar el factor determinante y el propósito de Dios. La elección no depende de nuestras obras, sino del que llama.

¿Dios fue entonces injusto elegir a Jacob y no Esaú, antes de que nacieran y aparte de sus obras? ¡Por supuesto que no! En primer lugar, esto no es una cuestión de justicia, como si Jacob y Esaú tuviesen alguna reivindicación o derecho sobre Dios, mas de misericordia y compasión. Por otra parte, era una prerrogativa de Dios también endurecer el corazón de Faraón con el propósito de demostrar su poder en el.

Dios es entonces injusto al castigar a los impíos, visto que ninguno puede resistir la voluntad de Dios? Por supuesto que no! Nadie tiene ningún derecho de encontrar falta en Dios. Dios es como un alfarero. Del mismo barro El hace un vaso para honra y otro para deshonra. Es ridículo suponer que la arcilla puede imponer algo al alfarero.

Por lo tanto, Dios ha preparado algunos vasos para la destrucción par hacer conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia que él preparó para la gloria. Y estos vasos de misericordia incluyen a algunos gentiles, y excluyen a algunos judíos.

El factor diferenciador entre los dos grupos es la fe en Cristo. 

Algunas gentiles tienen fe; mas algunos Judíos – de hecho la mayoría- confiando en sus propias obras, encuentran a Cristo como siendo una piedra de tropiezo y roca de ofensa.

Fuente: El Expositor Bíblico – Volumen III, Carl F. H. Enrique (editor), A.J.
Holman Company, p. 254, 255.

 

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