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COMPAÑEROS EN EL EVANGELIO

FILIPENSES 1:3-11; 4:10-19

VINCENT CHEUNG

Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora, estando persuadido de esto, que él que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

Como me es justo sentir esto de vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de como os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo.

Y    esto pido en oración, que vuestro amor abunde más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios…

En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

 Después de saludar a los creyentes de Filipos, incluyendo a los ancianos y los diáconos, Pablo da gracias a Dios por su “completo recuerdo” de su relación con los filipenses. Todo de su trato con ellos ha causado en él solamente gozo y no tristeza (17). Una de las principales razones para la elevada consideración de estos creyentes es que ellos han sido compañeros en el evangelio con él desde el comienzo de su conversión. Su generosidad y sustento parecen ser raros, si no únicos, entre las iglesias (4:15).

(1)       Kenneth S. Wuest, Philippians; Williams B. Eerdmans Publishing Company, 1942; p. 31. William Barclay traduce, “En toda mi memoria de ustedes yo tengo causa para nada más que dar gracias” (The New Testament; Westminster John Knox Press, 1999). Sin embargo, por razones gramaticales, algunos estudiosos argumentan que el apóstol está en efecto agradeciendo a Dios por como los filipenses recuerdan a Pablo, especialmente evidenciado por su más reciente donación financiera. Aquellos que sostienen este punto de vista incluyen a D. A. Carson, Peter T. O’Brien, y Ralph P. Martin, y es reflejado por la traducción de Moffat. Puesto que este punto de vista no daña la integridad o contenido de la carta de Pablo, y puesto que este no es un comentario exegético, yo no tomaré el tiempo para argumentar por o en contra de ello.

La palabra traducida “colaboración” (koinonía) es a veces traducida “compañerismo” o “comunión”. Cristianos contemporáneos a menudo usan la palabra para denotar las interacciones de amistad social entre los creyentes, pero este significado nunca es encontrado en los escritos de Pablo (18). Como con muchas otras palabras, el significado preciso en cada instancia depende del contexto, pero sabemos que el principal sentido de la palabra se refiere a la participación en algo objetivo, y que ella tuvo manifiesto sentido comercial en el primer siglo (19). Por ejemplo, dos personas que participan en un arriesgado negocio por invertir dinero en ello han entrado en una sociedad, tal que “El corazón del verdadero compañerismo es auto-sacrificado en conformidad a una visión compartida” (20). En el caso de Pablo y los filipenses, la “visión compartida” es el progreso del evangelio.

Aunque alguna gente desea pensar que Pablo incluye el significado de una “participación” común (en el sentido de posesión) en los beneficios del evangelio, el significado principal de la palabra y el contexto del pasaje favorece el punto de vista de

que se está refiriendo a su participación y compañerismo en el progreso del evangelio, y específicamente teniendo en vista el aporte financiero que ellos le han dado.

Es decir, Pablo se regocija porque los filipenses han sido compañeros en el evangelio con él desde el mismo comienzo, tanto en el más amplio sentido que ellos han hecho mucho por el progreso del evangelio, pero también en el estrecho sentido que ellos repetidamente le han dado a él asistencia financiera y práctica (21). Para Pablo esta vehemencia para promover el evangelio, la cual incluye su buena voluntad para proporcionar soporte financiero para él, señala una genuina conversión en los filipenses. Por causa de esto, Pablo está confiado en que Dios ha sin duda comenzado una obra de salvación en ellos, y que él la llevará a su culminación.

Tú puedes ser uno de aquellas personas que ponen su carrera y familia primero antes que el evangelio y sus ministros. Por todo lo que te importa, los ancianos en tu iglesia se pueden morir de hambre antes de que tú renuncies a las comodidades que tú y tu familia disfrutan, dando por sentado, e incluso considerando el derecho divino de propiedad.

Por supuesto, tú debes cuidar de tu familia, pero incluso eso debería ser por el bien del reino de Dios.

(2) Ralph P. Martin, Tyndale New Testament Commentaries: Philippians; William Eerdmans Publishing Company, 1987; p. 49. (3)       Carson, p. 16 (4)       Ibid. (5)       Ibid. p. 48-50. También. Gordon D. Fee, The New InternationalCommentary on the New Testament; William B. Eerdmans Publishing Company, 1995; p. 81-84.

El cristiano es uno que hace todas las cosas para la Gloria de Dios, aun cuando él está siguiendo una carrera y formando una familia. De lo contrario, ¿por qué seguir una carrera? ¿Qué te hace formar una familia? Pero ¿para qué estás formando una familia? Tú deberías tener cuidado de tu familia de modo que ellos puedan adorar al Señor, servir a la iglesia, y promover el evangelio. Privar a la iglesia de tu dinero y servicio no es ciertamente la manera correcta de hacer esto. ¿O es que tú piensas que la pobre viuda estaba siendo un “mayordomo de los pobres” cuando ella “echó todo lo que tenía para vivir en la ofrenda” (Lucas 21:4)? Sin duda, los filipenses pueden haber aumentado sus propias necesidades, dando la donación a Pablo (4:19; 2 Corintios 8:1-4) (22). Ello era un acto de sacrificio desinteresado por el beneficio del ministerio de Pablo y por el evangelio de Cristo.

Sin embargo, no todos los actos de generosidad y sacrificio implican una genuina conversión. Por ejemplo, ninguna cantidad generosa y sacrificada dada a la iglesia Mormona o a un templo budista puede indicar que alguien ha recibido la gracia de Dios. De hecho, es verdad todo lo contrario, así que cuanto más generoso y sacrificado seas tú con tu dinero hacia las falsas religiones, cuanto más te expones como un enemigo de Dios.

 Del mismo modo, no todos los actos de generosidad y sacrificio dados hacia una supuesta causa “cristiana” implica una genuina conversión. Dar dinero para apoyar el programa de rescate de animales de la iglesia, el ministerio de títeres, y la compra de equipamiento eléctrico para tocar música de rock cristiano durante la “adoración” a menudo hace más para oscurecer y obstaculizar el evangelio que promoverlo. Y si tu iglesia hace muchas de estas cosas, tú estás probablemente en la iglesia equivocada.

Compañerismo significativo en el evangelio significa que tú das tu apoyo financiero y práctico a iglesias y ministerios que promueven el evangelio como un mensaje inteligible por medios tales como la predicación y la escritura. Su mensaje debe estar caracterizado por la precisión teológica y la fuerza apologética. Este es el tipo de ministerio que los filipenses decidieron apoyar, así que ellos llegaron a ser socios con Pablo en “la defensa y confirmación del evangelio”. Aunque esto puede referirse al doble ministerio doctrinal de la teología y la apologética, algunos estudiosos piensan que “defensa” y “confirmación” pueden ser términos legales que se refieren al juicio de Pablo ante la corte imperial (23). No obstante, otros sostienen que las palabras tienen amplios usos que no están restringidos aquí por el contexto del pasaje (24).

En cualquier caso, si Pablo está hablando al público o a la corte, él está “defendiendo y confirmando el evangelio’ (v. 7), así que en cualquier caso él estaría realizando apologética, es decir, defendiendo el evangelio de las acusaciones y objeciones. Inherente a la idea de la apologética es la presentación positiva del evangelio, ya que cualquier defensa del evangelio incluye la corrección de las ideas erróneas acerca de y una declaración positiva de lo que uno esta defendiendo. Por lo tanto, haciendo apologética se asume que el contenido del evangelio ha sido aclarado o será aclarado; de lo contrario, no habría nada para defender. Si es correcto que la defensa se refiere a la apologética, y que la confirmación se refiere a la teología, entonces Pablo está de hecho haciendo explícito este punto aquí (25).

(6)      Martin, p. 184. (7)       Ibid., p. 65. (8)       Gordon H. Clark, Philippians; The Trinity Foundation, 1996; p.18.

(9)       J. A. Motyer, The Message of Philippians; InterVarsity Press, 1984; p. 46-47. Sin embargo, algunos insisten en que ambos términos se refieren a la defensa del evangelio, así que la confirmación se refiere a algo como “vindicación”. Sin embargo, como se ha mencionado, debe haber algo para defender, confirmar o vindicar, así que eso debe ser una presentación positiva del evangelio.

En otras palabras, Pablo está alabando a los filipenses por apoyar un ministerio que es competente y valiente en hacer teología y apologética. Ahora, las palabras traducidas “defensa” y “confirmación”, ya sean o no usadas como términos legales, necesariamente implican actividad intelectual. Esto significa que el compañerismo fiel en el evangelio se refiere a dar asistencia financiera y práctica a un ministerio que está comprometido con la defensa bíblica y racional de la fe cristiana. Es valioso ser generosos y hacer sacrificios por tal ministerio.

Ralph Martin escribe, “Nosotros hoy día podemos aprender la lección para el corazón de que la señal de nuestro profesado amor por el evangelio es la medida del sacrificio que estamos dispuestos a hacer a fin de ayudar a su progreso” (26). Puede que no sea la única señal, también la ansiedad de los filipenses para llegar a ser socios en el evangelio con Pablo indica que Dios había sin duda realizado una genuina obra de conversión en ellos. Aquellos que profesan sinceramente poner primero el evangelio en su vida, y perseveran con una asistencia financiera y práctica a ministerios legítimos y competentes (Santiago 2:26), pueden por lo tanto obtener una medida de seguridad de que ellos verdaderamente han sido elegidos por Dios para salvación, y que lo que Dios a comenzado, él también lo completará (1:6).

Muchos cristianos profesantes son independientes; es decir, ellos se benefician de una iglesia o ministerio sin participar en sus costos y responsabilidades. Aunque ellos saben que la iglesia o ministerio requiere mucha asistencia financiera y práctica, permiten que otra gente haga los sacrificios necesarios. Algunos valoran a la iglesia o ministerio lo suficiente de modo que están incluso bien dispuestos a ayudar si saben que ellos fracasarían sin su asistencia, pero no antes que la organización haya alcanzado tan desesperada condición.

Si tú eres un independiente, es a menudo difícil para otra gente reconocerte, especialmente si tú pareces ser muy entusiasta y sostenedor en cuanto a la iglesia o el ministerio, y esto es porque tú eres capaz de permanecer desvergonzadamente independiente con esa organización. Pero Dios sabe lo que tú eres, y él te pasará la cuenta. Él conoce a aquellos que son generosos y a quienes no lo son, así que Pablo escribe, “Recuerda esto: el que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6). De hecho, esta es la principal razón de Pablo para regocijarse con la generosidad de los filipenses: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta” (4:17).

¿Eres tú un fiel socio del evangelio, o un descarado independiente? ¿Te pones a ti mismo primero aun cuando la iglesia o el ministerio están en gran necesidad? Pero quizás todavía no tienes suficiente desdén por tu amor propio. Dios dice a esta gente por medio de Hageo, “el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué?… Por cuanto mi casa permanece en ruina, mientras cada uno de vosotros está ocupado con su propia casa” (Hageo 1:6, 9). Y también el profeta dice, “meditad cuidadosamente sobre vuestros caminos” (vs. 5, 7). Tú puedes pensar que es más seguro poner tus propias necesidades primero, pero esa seguridad es una ilusión, puesto que Dios mismo se volverá contra ti.

(10)  Martin, p. 62.

Pablo se regocija que los filipenses no sean independientes, sino que ellos le han ayudado repetidas veces, aun a expensas de su propio bienestar y conveniencia. Sin embargo, como se ha mencionado antes, Pablo no sólo se regocija porque ha recibido una donación, sino especialmente porque esto es una evidencia de la genuina conversión de los filipenses y porque él sabe que Dios les recompensará abundantemente. Como le ocurre a Pablo mismo, él dice que ha aprendido el “secreto de estar contento” (v. 12). Él ha llegado a ser separado e independiente de sus circunstancias, no por puro poder de la voluntad o determinación, sino por Cristo que le da fortaleza (v. 13).

Ahora, Filipenses 4:13 dice, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Este es uno de los versículos más populares pero mal usado en toda la Biblia -si la gente entendiese lo que ello significa, quizás ni siquiera sería tan popular. La gente lo aplica a todo lo que ellos hacen, incluyendo cosas relativamente triviales y egoístas como deportes, recreación, educación, profesión, y cualquier cosa que ellos estimen necesario para obtener felicidad y satisfacción para ellos mismos.

Sin embargo, Pablo está diciendo que Cristo le da fuerza para permanecer contento (una palabra estoica para autosuficiente indiferencia) aun cuando él está hambriento y pobre (v. 12). Él no está diciendo que Cristo le da fuerzas para escalar el Monte Everest de modo que él pueda hacerse un nombre para sí mismo, lo cual es el modo en que mucha gente tiende a usar el versículo 13 hoy día. Sino que Cristo le dará fuerzas para soportar las molestias por causa del evangelio.

Así que Pablo está principalmente comprometido con la condición espiritual de los convertidos, y él se regocija de los signos de genuina conversión. Estos signos le dan a Pablo confianza de que Dios “comenzó una buena obra” en ellos, y que Dios completará su obra en ellos (v. 6). Es Dios quien soberanamente justifica y santifica, por medios de proporcionar soberanamente fe y perseverancia, porque la salvación viene de Dios y no del hombre. Después de la conversión, debemos  (2 Pedro 1:10), y así después de regocijarse en sus signos de genuina conversión, Pablo ora por su crecimiento.

Pablo comienza orando para que los creyentes crezcan en amor. El amor es el verdadero producto de la obra del Espíritu Santo en una persona (Gálatas 5:22), y está íntimamente relacionado a la santificación y la seguridad. En la carta en la cual Juan trata el tema de la seguridad (1 Juan 5:13), él sin delicadeza declara, “Todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

Dios nos manda a andar en amor, pero muy poca gente sabe la definición bíblica de amor. Ellos tienden a pensar que amar es principalmente una inclinación emocional que uno siente hacia el otro. Pero la Biblia explícitamente define el amor para nosotros; nos dice lo que significa amar a Dios y amar a otras personas. Juan escribe, “Este es el amor a Dios: obedecer sus mandamientos” (1 Juan 5:3), y también, “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: porque amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos” (5:2). En otra parte, Pablo explica que el amor obedece y realiza los mandamientos de Dios acerca de cómo debemos tratar a otra gente (Romanos 13:8-10).

Por lo tanto, cuando Dios nos manda a amarle a él y a otras personas, nunca está apelando a nuestras emociones, sino que él está apelando a nuestra volición. Es decir, por la gracia soberana de Dios, nosotros podemos decidir obedecer los mandamientos de Dios concerniente a como debemos tratar con Dios y otras personas, y esta decisión para amar es reflejada por las correspondientes acciones. Cuando Dios nos manda a amar a otros, él ciertamente no está diciendo, “tú debes estar emocionalmente inclinado hacia otras personas”, En lugar de eso, él está diciendo, “tú debes relacionarte con otras personas de acuerdo con los divinos preceptos registrados en la Escritura”.

Pablo no está orando para que los filipenses comiencen a amar, puesto que ellos ya han demostrado su amor por ser socios en el evangelio. En vez de eso, Pablo está orando para que ellos puedan abundar en amor o superabundar con amor. Esto incluiría mayor y mayor autonegación por causa del evangelio.

¿Cómo irá a suceder este crecimiento en amor? Si el amor tiene que ver con la obediencia consciente a los preceptos y mandamientos bíblicos, entonces se necesita un previo conocimiento intelectual de estos preceptos y mandamientos. En efecto, Pablo ora que su amor “abunde más y más en conocimiento y profundidad de percepción” (1:9). Puesto que la palabra traducida “en” a menudo significa “por” o “con”, es posible traducir la sentencia como, “Oro para que vuestro amor abunde por medio del conocimiento” (27). Realmente, una traducción tiene, “Oro para que vuestro amor os mantenga en crecimiento por causa de vuestro conocimiento y percepción interior” (traducción de God’s Word). En cualquier caso, cualquier traducción o explicación de este versículo que separa el amor y el conocimiento está errada.

La palabra traducida “conocimiento” ocurre veinte veces en el Nuevo Testamento. Más que unos pocos estudiosos anti-intelectuales tratan de suavizar o distorsionar su significado e implicación, especialmente ya que la palabra aparece aquí en estrecha conexión con el amor; sin embargo, la palabra siempre se refiere al conocimiento intelectual acerca de las cosas de Dios, una “comprensión mental de una verdad espiritual” (28), “conocimiento doctrinal” (29) y “Conocimiento teológico” (30). Por lo tanto, estudiando la Escritura, escuchando sermones, leyendo libros, y ocupándose en discusiones teológicas todo tiene una directa relación con vuestro crecimiento en amor y obediencia.

Es verdad que si tú tienes conocimiento sin amor, entonces tu no eres nada (1 Corintios 13:2). Sin embargo, mucha gente que enfatiza esto no conoce la definición bíblica de amor, así que lo que ellos entienden es que tú debes tener fervor emocional en adición al conocimiento teológico. Pero la Biblia no enseña esto. Además, su “remedio” es que tú tienes que considerar el amor (falsamente definido por ellos) como superior al conocimiento. Pero esto es también falso.

(11)  Clark, p. 20. (12)  Martin, p. 66. (13)   James Montgomery Boice, Philippians: An Expositional Commentary; Baker Books, 1971, 2000; p.46. (14)  Motyer, p. 56.

 Más bien, puesto que el amor es la obediencia a los mandamientos de Dios en todas tus relaciones, sea con Dios o con otra gente, tener conocimiento sin amor significa que tú no obedeces lo que tú sabes que Dios exige de ti. Además, el amor no es superior al conocimiento, tal como tu obediencia a los mandamientos de Dios no es superior a tu conocimiento de los mandamientos de Dios, ya que la obediencia a los mandamientos de Dios no es aun posible sin el conocimiento de los mandamientos de Dios. Tú debes conocer primero estos mandamientos antes de que tú puedas conscientemente obedecerlos y deliberadamente ordenar tu vida por ellos. La teología hace posible el amor.

Jesús concluye su Sermón del Monte diciendo que debemos oír sus palabras y ponerlas por obra (Mateo 7:24-27). Si nosotros no escuchamos primero sus palabras, entonces no hay nada para que pongamos por obra. Andar en un tipo de “amor” que no tiene un previo conocimiento de los mandamientos y preceptos de Dios es practicar realmente una moralidad pecaminosa y arbitraria. Por lo tanto, para andar en el amor bíblico tú debes tener conocimiento teológico; por otro lado, tú sólo estás engañándote a ti mismo al pensar que estás andando en amor, y que Dios aprueba lo tuyo más que aquellos que son diligentes estudiantes de teología. Si tú te niegas a estudiar teología, ya has mostrado que no amas a Dios.

Mucha gente usa mal 1 Corintios 8, el cual dice, “El conocimiento envanece” (v. 1). Sacando esto fuera de contexto e ignorando otros versículos importantes, ellos han usado este pasaje para hacer falsos contrastes entre el conocimiento y el amor, y así atacar el conocimiento teológico. Sin embargo, el versículo 1 completo dice, “Ahora en cuanto a la comida sacrificada a los ídolos: nosotros sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica”. Parafraseando, Pablo está diciendo que todos nosotros sabemos algo en cuanto a como considerar el alimento sacrificado a los ídolos, pero si tú no estás obedeciendo los preceptos de Dios en tu relación con otros (esto es, andar en amor), entonces en lugar de hacer algo constructivo con este conocimiento, sólo te hace pensar que eres superior a los otros.

Es decir, el conocimiento sin obediencia puede hacerte vano, pero el conocimiento con obediencia edificará a la iglesia. Por otro lado, hay gente que, porque ellos no tienen conocimiento, tienen una definición no bíblica del amor. Y es precisamente por andar en este tipo no bíblico de amor que piensan que son superiores a aquellos que tienen conocimiento teológico. Así que hay quienes tienen conocimiento bíblico pero se niegan a obedecerlo (es decir, andar en amor), y luego hay quienes piensan que andan en amor, pero se niegan a desarrollar un conocimiento bíblico. El primer grupo trae condenación sobre sí mismo, puesto que ellos desobedecen lo que saben en cuanto a los mandamientos de Dios, y el segundo grupo no tiene ni conocimiento ni amor, y está completamente en la oscuridad (31). Dios desaprueba ambos tipos de gente.

En cualquier caso, Pablo tiene la más alta consideración por el conocimiento teológico como se relaciona con la vida y el ministerio. Por ejemplo, en respuesta a una crítica en cuanto a su habilidad para hablar, él escribe, “Puedo ser tosco al hablar, pero yo tengo conocimiento” (2 Corintios 11:6). Él no dice, “Pero yo tengo amor”. El conocimiento teológico es la base para la vida, el ministerio, y el amor. Fallar en entender y aceptar esto resultará en una vida cristiana desfigurada y estropeada, si se puede llamar cristiana del todo.

Pablo ora para que el amor de los filipenses abunde “en conocimiento”, pero él dice que este amor debería también crecer en “profundidad de percepción”. La palabra traducida “profundidad de percepción” puede significar “percepción”, “discriminación”, o “discernimiento” (KJV). Pablo se está refiriendo a la facultad que capacita a una persona para discriminar entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, y tomar decisiones morales. El versículo 10 proporciona el contexto que confirma este modo de entenderlo: “… de modo que ustedes puedan ser capaces de discernir lo que es mejor y puedan ser puros e irreprensibles hasta el día de Cristo”. Es la habilidad para hacer sanos juicios morales que permiten al creyente permanecer “puro e irreprensible”. Dado este contexto, “todo discernimiento” (NKJV, NASB, ESV) es una mejor traducción.

Así Pablo está orando para que su amor crezca en conocimiento teológico y en discernimiento moral. La idea contemporánea del amor a menudo suma a una no discriminación y no discernimiento la aceptación de la desobediencia. Sin embargo, el amor bíblico se refiere a la obediencia de los mandamientos divinos en todas nuestras relaciones, caracterizado por una discriminación moral. El amor bíblico es discernimiento en el sentido que hace juicios morales en cuanto a la gente, y entonces hace algo acerca de ello (1 Corintios 5:3-5).

Jesús nunca habló contra este tipo de discernimiento moral; más bien él habló sólo contra los juicios hipócritas y no bíblicos. Él estaba contra aquellos que juzgan a otros pero se niegan a juzgarse a sí mismos con el mismo estándar, y él estaba contra aquellos que usan estándares de juicio no bíblicos, tales como la tradición humana. Por ejemplo, él dice, “Hipócrita, primero quita la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente para remover la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:5). Él nunca dijo que tú no deberías “remover la paja del ojo de tu hermano”, sino sólo que tú deberías “primero quitar la viga de tu propio ojo”. Esto habla contra la hipocresía y no se opone a hacer juicios morales.

Lo mismo es verdad con Pablo. En Romanos 2, él escribe que aquellos que juzgan a otros pero que hacen las mismas cosas no pueden escapar al juicio de Dios. Pero su intención es argumentar por el hecho de que cada uno es un pecador, y tiene necesidad de salvación por la soberana gracia de Dios. Por ejemplo, los judíos podían juzgar a los gentiles como pecadores debido a que ellos cometían asesinato y adulterio, pero los mismos judíos también cometían asesinato y adulterio; por lo tanto, los judíos no debían pensar que ellos estaban exentos de juicio sólo porque eran judíos. Pero Pablo no dice que sus juicios son falsos, sino meramente hipócritas -él nunca dice que el asesinato y el adulterio son aceptables. De hecho, el agrega, “Ahora nosotros sabemos que el juicio de Dios contra los que hacen tales cosas está basado en la verdad” (Romanos 2.2).

Una vez un adúltero me dijo, “¡Así que yo soy un pecador! Pero se supone que tú amas a los pecadores, y se supone que tú me ames”. Sin embargo, él se refirió a sí mismo como un “pecador” sólo porque eso es lo que yo le llamaría a él, y él nunca pensó eso como una admisión de que su adulterio era malo. Él era ciertamente diferente al hombre en Lucas 18, que dice en humilde arrepentimiento, “Dios, ten misericordia de mi, pecador” (v. 13). Y al decir que se suponía que yo tenía que “amarle”, él pretendía que yo debía aceptarle con su adulterio, y le detuve diciéndole que estaba equivocado.

Este hombre estaba usando términos cristianos para manipularme y silenciarme. Yo vi a través del engaño y lo expuse, pero su estrategia también obra frecuentemente con cristianos que tratan de traer pecadores al arrepentimiento. Nuevamente debemos culpar de esto a una ignorancia de la teología, ya que estos creyentes no serían así fácilmente confundidos, sino que serían más bien inmunes a la manipulación si ellos entendiesen lo que estas palabras bíblicas significan.

La próxima vez que alguien te exija que le ames, piensa exactamente en cuanto a lo que él pretende por ello, y exactamente lo que él está diciendo que tú deberías hacer. Si lo que él está diciendo no es bíblico, no estás obligado a hacerlo. Él sabe que tú te sometes a la autoridad bíblica, y está tratando de usar esa autoridad para manipularte falseando esa autoridad para ti. No te dejes engañar – cuando sea apropiado, el amor bíblico valientemente confronta a la gente por sus transgresiones, y los reprende marcadamente por sus herejías (Proverbios 27:5; Tito 1:13). Esto no se trata de conseguir algo de auto- satisfacción desde el menosprecio a los otros, sino que es para despertarlos y restaurarlos. Ya sea suave o dura, la confrontación es el medio bíblico por el cual Dios a veces concede soberanamente arrepentimiento a los pecadores.

Por obtener el conocimiento teológico que hace posible el amor, y por crecer en el discernimiento moral que permite a este amor discriminar entre lo bueno y lo malo, el creyente es preservado “puro y sin mancha” ante Dios. “Saber y discernir son así básicos para toda la tarea de la vida cristiana, pero seguramente en especial para el deber del amor cristiano” (32). Mientras que Dios salvó al creyente cuando era pobre en espíritu, ahora ha llegado a ser rico en fe, y “lleno con el fruto de justicia” (v.11). Sin embargo, todas estas bendiciones vienen “a través de Jesús Cristo”. Es decir, sólo los cristianos pueden ser “puros y sin mancha” delante de Dios, no por sus propios méritos y esfuerzos, sino por medio de Cristo solamente. Y todo esto es para el fin último de “la gloria y alabanza de Dios”.

(32)  Motyer, p. 57.

 Traduccion :  Saúl Alfaro

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