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 ATEÍSMO

Gordon H. Clark

 Introducción

Los ateos son personas quienes aseveran que no hay Dios. Puede ser que digan que los átomos o las partes que las componen en el espacio son la suma de toda la realidad. Cualquiera que sea el análisis, estas personas aseveran que la realidad física finita es todo lo que hay – y que no hay nada más. Existen varias divisiones en este grupo. Un grupo históricamente prominente es el de los Positivistas Lógicos. En base a un análisis lingüístico, concluyen que la teología no es tanto falsa, sino una pura insensatez. Para ellos, hablar sobre Dios es como decir que la máquina de escribir es el sonido azul-verdoso de la raíz cuadrada de menos uno. La Teología no es suficientemente buena como para ser siquiera falsa; es una pura insensatez. Otros devotos del cientismo no son Positivistas Lógicos. Sus teorías se pueden llamar Naturalismo o Humanismo, y denotarían a la Teología como una falsedad pretenciosa. Algunos liberales políticos son ateos, y frecuentemente su credo socialista ataca de forma reaccionaria a la Teología, diciendo que es un impedimento al avance social.

– Panteísmo y Agnosticismo

Sería instructivo distinguir entre dos formas de ateísmo, pues la segunda forma,

el panteísmo, tiene la apariencia de creer mucho en Dios. De hecho asevera la existencia de Dios, y la teoría pudiera ser llamada “teología”. Estas personas no quisieran ser denominadas como ateos ni como irreligiosos. Pero definen a Dios como todo lo que existe. Epinoza utilizó la frase Deus sive Natura: Dios, es decir, la Naturaleza. Algunos usan el término Ser Puro, o la frase del teólogo Paul Tillich, La Base de Todo Ser. Por tanto, Dios es el universo mismo. Dios no es el Creador del Universo. Ya que dicen que Dios es el Todo, a estas personas se les llama Panteístas.

Lógicamente no existen diferencias entre el Ateísmo y el Panteísmo. Negar que haya un Dios, y aplicar el nombre “Dios” a todo, son ideas conceptualmente idénticas. Por ejemplo, es como si aseverara la existencia de un grumpstein y tratara de probarlo señalando hacia jirafas, estrellas, montañas y lo demás, y diga, por tanto Dios existe. Tanto aquellos quienes niegan a Dios – ateos – como los que dicen que Dios lo es todo – panteístas – están aseverando que no existe nada más allá del universo físico que sea real. En lenguaje Cristiano, al igual que en lenguajes comunes alrededor del mundo, Dios es tan diferente del universo como lo es una estrella de una jirafa, y así por el estilo.

En realidad existe otra variedad del ateísmo, aunque sus adherentes mismos quizás se opongan con firmeza a ser llamados ateos. Técnicamente no son ateos, aunque bien pudieran serlo. Estos son los agnósticos. No aseveran que haya un Dios, ni tampoco aseveran que no haya Dios; simplemente dicen que no lo saben. Afirman su ignorancia. La ignorancia, sin embargo, no es una teoría por el cual se pudiera argumentar. La ignorancia es un estado mental individual. A una persona ignorante no se le requiere probar por vía de argumentos que es ignorante. Simplemente no sabe. Tal persona necesita ser educada.

Probablemente la mayoría de las personas en los Estados Unidos son ateos en alguna medida. Si se les preguntara, probablemente dirían que creen en Dios. Pero bien pudieran no creer en Dios, pues no les hace ningún bien. A menos que alguien les mencione a Dios, ni siquiera piensan en El; nunca le oran; El no entra en sus planes ni cálculos diarios. Sus vidas, sus mentes, su pensar, esencialmente no tienen diferencia de las vidas de los ateos y de los agnósticos. Son “ateos practicantes”.

– El Argumento Ateo

Puede ser que el lector espere encontrar acá una refutación directa del ateísmo, pero tal lector terminará defraudado, ya que la situación es un poco compleja. En primer lugar, uno pudiera acusar al ateo de no haber probado que el universo físico sea la única realidad y que no hay seres sobrenaturales. Esto sería satisfactorio, si el término “ateísmo” significase la argumentada negación de una Deidad.

Pero los ateos, como los agnósticos, trasladan la carga evidencial y dicen que es el teísta que está bajo obligación de demostrar la veracidad de su visión; pero el ateo se considera a sí mismo bajo ninguna obligación semejante. Los ateos usualmente se mecen hacia delante y hacia detrás. Sin embargo, Ernest Nagel, quien pudiera ser denominado como un filósofo naturalista, parece argüir:

“la ocurrencia de eventos [y él pretende indicar todos y cada uno de los eventos sin excepción]… es contingente sobre la organización de cuerpos localizados espacio-temporalmente… Que esto sea así es una de las conclusiones mejor probadas de la experiencia… No existe lugar para un espíritu inmaterial dirigiendo el curso de los eventos, no existe lugar para la supervivencia de la personalidad luego de la corrupción del cuerpo que la exhibe.”

Esto es un enunciado ateo, no agnóstico. El arguye que la ciencia ha probado la no-existencia de Dios, pero el argumento es inválido. Ningún científico jamás ha producido la evidencia de que el intelecto del hombre cese su funcionamiento después de la muerte. Ya que sus métodos no han descubierto ningún espíritu, Nagel asume que no puede existir. El se rehusa a cuestionar sus métodos. El ateísmo no es una conclusión desarrollada por sus métodos; en cambio, es un asumido sobre el cual sus métodos están basados.

El agnóstico, sin embargo, no es tan dogmático. El transfiere la carga y demanda que los teístas prueben que un espíritu omnipotente haya creado y que ahora controle el universo. Esto es un gran reto, y es uno que el Cristiano deberá tomar bajo mandato. Ningún Cristiano con habilidad intelectual puede excusarse diciendo que la teología es una minuciosidad innecesaria. Pedro le ha dicho que no es así. Los “ateos practicantes” en realidad son agnósticos, y debemos predicarles el Evangelio – y que el Dios omnipotente reina es parte de el Evangelio. Pero ellos responden, “¿Cómo sabes que hay un Dios? ¿No puede ser un trance, una impresión, una experiencia extática? ¿Será tan trascendente que no podemos conocerle ni hablar sobre él? ¿Será que no es así de trascendente?” Note que el apologeta Cristiano – es decir, el evangelista Cristiano – deberá tener una concepción de Dios decentemente clara antes de que pueda satisfacer a sus cuestionantes. Debe ser un conocedor de teología.

– La Respuesta Equivocada

Ahora bien, la respuesta a la pregunta bastante pertinente por parte del agnóstico es un poco compleja, y el lector no deberá esperar algo más simple.

Más aún, la respuesta ofrecida acá les parecerá insatisfactoria y decepcionante a algunos Cristianos muy honestos. Por estas razones la presente respuesta al agnosticismo empezará con una explicación de cómo no responder a la pregunta. Si esto parece ser una vía cansona e indirecta de llegar a la meta, y el no-teólogo impaciente querría resultados inmediatos, deberá ser señalado que la opción inicial entre dos caminos determinará el destino. Si uno escoge la ruta equivocada, terminará perdido y confundido. Recuerde al Cristiano de Bunyan, y cómo él miró por dos vías, tratando de ver cuál era derecho. Luego vino un peregrino moreno en una bata blanca quien le señaló, con gran confianza, cuál camino Cristiano debía tomar. Terminó casi en el desastre. Por tanto, empezaremos indicando el camino incorrecto.

Ahora, no quisiera decir que aquellos quienes recomienden la vía equivocada en cuanto al presente asunto son engañadores lisonjeros cuyas batas blancas son disfraces hipócritas. Por el contrario, un gran número de autores respetables y honestos, desde Aristóteles hasta Charles Hodge y Robert Sproul, insisten que el mejor, y de hecho el único camino para probar la existencia de Dios es estudiar el crecimiento de una planta, la trayectoria de un planeta, el movimiento de una canica. Ellos sostienen este método aparentemente secular citando al Salmo 19:1- ” Los cielos declaran la gloria de Dios y el firmamento revela la obra de sus manos.” Por tanto debemos estudiar astronomía para refutar al ateo e instruír al agnóstico. Pablo dice que la omnipotencia de Dios puede ser deducida por la forma en que un niñito dispara una canica- algo que ha sido hecho. Algunos Romanistas incondicionales hacen alarde de que Pablo vio y colocó un sello de aprobación desde mucho antes sobre el argumento Aristotélico Tomista.

Existen dos dificultades con esta entusiasta recomendación. La primera no es conclusiva, pero aquellos quienes aprueban este argumento deberán prestar atención. La dificultad es su dificultad: Es un método muy difícil. La segunda dificultad es su inutilidad.

La primera dificultad – evidencia inconclusiva y un método difícil de probar – puede ser mejor explicado por medio de algunos ejemplos. Suponga que podamos usar un micrófono para examinar la flema interna del esculento Licopersicon. (La botánica es aún peor que la teología en su uso de palabras largas y técnicas). Observaremos una imagen clara de la estructura interna de una planta, pero no descubriremos a Dios a través de una mirada larga y detenida a un tomate. Si observamos cuidadosamente el movimiento de los planetas, veremos que las raíces cuadradas de sus tiempos periódicos son proporcionales a la distancia promedio del Sol. Si tenemos éxito en recopilar esta información, concluiremos que Dios es un gran matemático y que la salvación depende de comprender las matemáticas. Esencialmente, esto era lo que la antigua escuela de filosofía Griega de Pitágoras decía. Creían que una vida feliz después de la muerte era la recompensa por haber estudiado artimética y geometría.

Aquellos en este tiempo quienes piensan que todos los problemas de este mundo pueden ser solucionados por la ciencia sostienen una visión similar. Pero a diferencia de los Pitagoreanos, los contemporáneos no creen en una vida después de la muerte, ni piensan que las leyes de la astronomía pueden probar que hay un Dios. Cambiar su parecer por medio de la deducción de la existencia de Dios a través de las leyes de la ciencia sería extremadamente difícil y quizás hasta imposible. Si por algún otro método pudiéramos primero saber que hay un Dios, el estudio de la astronomía pudiera revelar que él es un matemático. Pero primero necesitaríamos conocer a Dios.

Sin embargo, el mero hecho de que un argumento sea difícil y complejo no prueba que sea una falacia. Puede ser que la geometría y el cálculo lleven a algunos estudiantes a la desesperación, pero los teoremas usualmente son considerados como deducciones válidas. Por el contrario, cuando uno examina el argumento tal y como Tomás [de Aquino] lo escribió, serios defectos pueden encontrarse. En otra obra, he detallado algunas de las falacias de Tomás. Una de ellas es un caso de circularidad, en que él utiliza como premisa la conclusión que él deseaba probar. Otro es el caso de un término que tiene un significado en las premisas, y un significado diferente en la conclusión. Ningún silogismo puede ser válido si la conclusión contiene una idea que no sea ofrecida en las premisas.

La conclusión, por tanto, es: El tal-llamado “argumento cosmológico” no es sólo extremadamente difícil – ya que requiere una gran cantidad de ciencia, matemáticas, y filosofía para probarla – pero es inconcluso e irremediablemente falaz. Esta no es la forma de responder a los ateos.

La segunda dificultad es que aún si tal argumento fuese válido, sería inútil. Esta objeción aplica más a autores modernos que a Aristóteles. La noción Aristotélica de dios era bastante clara: El Movedor Estático, el pensamiento que piensa pensamientos; y esta mente metafísica tiene un rol definitivo en la explicación de los fenómenos naturales. Pero el dios de los empiricistas contemporáneos parece no tener un rol en lo absoluto; principalmente porque el significado que le atribuyen a la palabra “Dios” es demasiado vago.

Como ejemplos de estos argumentos, uno pudiera mencionar la experiencia de Dios por parte del Profesor de Filosofía de Yale, John E. Smith; Cómo la Filosofía Modifica la Teología, por Frederick Sontag; algunos años antes, Geddes MacGregor de Bryn Mawr publicó su Introducción a la Filosofía Religiosa. Existen muchos libros semejantes; no es mi intención discutir sobre ninguno de estos individualmente. Mi punto es: Cuando tratan de sustentar la creencia en dios, sus argumentos no son mejores – y muchas veces son peores

–   que los de Aristóteles; y si alguna plausibilidad ha de ser encontrada en ellos, la razón es que su noción de lo que significa dios es tan vaga y ambigua que el lector termina imponiendo sus propias ideas finitas. En su contexto, los argumentos son virtualmente insignificantes. Más aún, el dios vago de estas visiones es inútil. Nada puede ser deducido a partir de su existencia. Ningunas normas morales se deducen de la definición de dios; ninguna práctica religiosa está contenida en la descripción de dios.

Uno pudiera tener cierto respeto académico por un ateo que de plano niega a Dios y a la vida después de la muerte. El dice claramente lo que pretende decir, y usa el término “Dios” en su significado común. Una pudiera tener igual medida de respeto por el panteísta, aunque este no utilice el término “Dios” en su significado ordinario. Por lo menos Baruch Spinoza y otros identificaron a dios explícitamente con el universo. ¿Pero cuál debería ser nuestra reacción a la visión del Profesor H. N. Wieman? El insistió en la existencia de dios, pero para él, dios ni siquiera es todo el universo – él, o mejor dicho, eso es sólo una parte del universo. Específicamente, dios es un complejo de interacciones en la sociedad sobre el cual dependemos y a cuya estructura esencial deberemos conformarnos si el valor máximo ha de ser alcanzado a través de la experiencia humana. ¿Y? ¿De qué forma esta definición pudiera ponérsele al lado del Catecismo Corto? Por tanto, los Cristianos deberán estar más procupados con qué tipo de Dios existe, y no tanto con la existencia de Dios.

El Sin-Sentido de la Existencia

En primer lugar, lucirá extraño que el conocimiento de lo que Dios es, sea más importante que el conocimiento de que Dios es. Que su esencia o naturaleza sean más importantes que su existencia parecerá inusual. Los existencialistas insisten en que la existencia precede la esencia. Sin embargo, los Cristianos competentes están en desacuerdo por dos razones. Primero, hemos visto que los panteístas indentifican a dios con el universo. ¿Qué es dios? – El universo. El mero hecho de que usan el nombre “dios” para el universo, y por tanto aseveran que dios “exista” no es de ayuda a la Cristiandad.

La segunda razón para no estar muy interesado en la existencia de Dios es en alguna medida similar a la primera. La idea de la existencia es una idea sin contenido. Las estrellas existen – pero esto no nos dice nada sobre las estrellas; las matemáticas existen – pero esto no nos ayuda a entender las matemáticas; las halucinaciones también existen. El punto es que un predicado, como por ejemplo la existencia, que puede ser atado a cualquier cosa sin discriminación no nos dice nada sobre nada. Una palabra, para que signifique algo, debe no significar algo. Por ejemplo, si yo dijera que algunos gatos son negros, la oración tiene significado sólo porque algunos gatos son blancos. Si el adjetivo fuese atado todos los sujetos posibles – de tal forma que todos los gatos sean negros, todas las estrellas sean negras, y todos los políticos sean negros, al igual que todos los números en la aritmética, y Dios también – entonces la palabra “negro” quedaría sin significado. No serviría para distinguir una cosa de otra. Ya que todo existe, la existencia está carente de información. Por eso es que el Catecismo pregunta “¿Qué es Dios?”, y no “¿Dios existe?”.

Ahora bien, muchos de los autores contemporáneos son extremadamente vagos respecto a qué tipo de Dios se refieren; y ya que el término es tan vago, el concepto es inútil. ¿Pueden estos autores usar a su dios para apoyar una creencia en la vida después de la muerte? Ninguna norma ética puede ser deducida de su dios. Aún más aguzadamente, su dios no le habla al hombre. Ese dios no es mejor que “el silencio de la eternidad” aún sin ser “interpretado por el amor”. El ateísmo es más realista, más honesto. Si hemos de combatir lo segundo, necesitamos un método diferente.

La Respuesta Apropiada

La explicación de un segundo método deberá empezar con una confrontación más directa con el ateísmo. Si la existencia de Dios no puede ser deducida a partir de la cosmología, ¿será que hemos esquivado la carga evidencial, y le hemos concedido el campo de batalla a nuestros oponentes? No; de hecho hay una respuesta teísta. Superficialmente, no es difícil de comprender; pero, desafortunadamente, una apreciación completa de su fuerza requiere un poco de experticio filosófico. Un conocimiento de geometría es de mucha ayuda, pero ya casi no se enseña en las escuelas secundarias públicas. Uno no puede esperar que los Cristianos hayan leído y comprendido a Spinoza; y las iglesias protestantes usualmente anatemizan la lógica Aristotélica sencilla y ordinaria.

En la geometría existen axiomas y teoremas. Uno de los teoremas más antiguos es “el ángulo exterior de un triángulo es mayor que cualquier ángulo interior opuesto.” Otro es el famoso teorema de Pitágoras: la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. ¡Cuán teológico suena todo esto! Estos dos teoremas y todos los demás se deducen lógicamente a partir de un cierto conjunto de axiomas. Pero los axiomas nunca son deducidos. Son asumidos sin evidencia.

Existe una razón definitiva por qué no todo puede ser deducido. Si uno pudiese probar los axiomas de la geometría, uno tendría que hacer referencia a proposiciones anteriores. Si estos también han de ser deducidos, deberá haber proposiciones anteriores a este, y así por el estilo, ad infinitum. De lo cual deducimos: Si todo debe ser demostrado, nada puede ser demostrado, pues no habría un punto inicial. Si no puedes empezar, de seguro no podrás terminar.

Cada sistema teológico o filosófico debe tener un punto inicial. Los Positivistas Lógicos empezaron por el asumido sin evidencia de que una oración no podía tener un significado a menos que pudiese ser probado por vía de los sentidos. Hablar sobre un asunto sin referirse a algo que puede ser tocado, visto, olido y especialmente medido, es hablar disparates. Pero ellos nunca dedujeron este principio. Ese es su axioma indemostrable. Aún peor, es auto-contradictorio, pues no ha sido visto, olido ni medido; por tanto se condena a sí mismo como un disparate.

Si los axiomas de otros secularistas no son disparates, de seguro que son axiomas. Todo sistema deberá empezar en algún punto, y no puede haber empezado antes de haber empezado. Un naturalista puede agregarle al principio del Positivista Lógico, diciendo que todo conocimiento se deriva de la sensación.

Esto no es un disparate, pero todavía es un axioma empíricamente inverificable. Si no es auto-contradictorio, por lo menos no tiene ninguna justificación empírica.

Otros argumentos contra el empiricismo no necesitan ser ofrecidos acá: El punto es que ningún sistema puede deducir sus propios axiomas.

La inferencia es esta: Nadie puede objetar consistentemente contra el Cristianismo, arguyendo que está basado sobre un axioma indemostrable. Si los secularistas ejercitan su privilegio de basar sus teoremas sobre axiomas, entonces los Cristianos también. Si los anteriores se rehusan en aceptar nuestros axiomas, entonces no tienen ninguna objeción lógica a que rechacemos los suyos. Por eso, rechazamos la base misma del ateísmo, el Positivismo Lógico, y en general, el empiricismo. Nuestro axioma será, Dios ha hablado. Más completamente, Dios ha hablado en la Biblia. Más precisamente, lo que la Biblia dice, Dios lo ha hablado.

(De “Atheism”, por Gordon H. Clark)

TRADUCION: Alexander Rodríguez

 

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