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REGENERACIÓN POR DECISIÓN

James E. Adams

 

INTRODUCCIÓN

 

¿QUE ES LA REGENERACIÓN?

Sí alguien no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Nuestro Señor Jesucristo entendía que el nuevo nacimiento es tan importante que sin él nadie puede ver los cielos. Errores en relación la esa doctrina han sido muy destructivos para la Iglesia de Cristo. La Regeneración, o el nuevo nacimiento, es una obra de Dios. No es algo que el hombre efectúa, pero algo que Dios realiza. El nuevo nacimiento es un cambio que acontece dentro de nosotros, no un acto operado por nosotros. Eso es muy bien establecido por

el Apóstol Juan, cuando en el primer capítulo de su Evangelio él habla de los hijos de Dios como aquellos “los cuales no nacieron de sangre, ni de voluntad de la carne, ni voluntad del hombre, pero si de Dios” (Juan 1:13).

 

¿Y QUE ES “REGENERACIÓN POR DECISIÓN”?

La Historia de la Iglesia Cristiana ha contemplado muchos errores en relación al nuevo nacimiento. Esas enseñanzas se han desviado de las Escrituras por atribuir al hombre la capacidad de regenerarse a si mismo. Cuando esos falsos conceptos del hombre y del nuevo nacimiento son adoptados, las iglesias inmediatamente se hacen corrompidas con falsas prácticas. La Iglesia Católica Romana, la Iglesia Anglicana, la Iglesia Luterana y muchas otras iglesias han sido corrompidas, en diferentes épocas y en diferentes niveles, con la enseñanza de la Regeneración por el Bautismo.

A causa de esas enseñanzas erróneas sobre la Regeneración esas iglesias han abrazado falsas prácticas. El siglo XIX, pocas controversias fueron tan calurosa cuánto esta sobre la Regeneración por el Bautismo. Es interesante observar que C. H. Spurgeon (1834-1892), el más destacado predicador de aquel siglo, imprimió, en 1864, más copias de su sermón que denunciaba la Regeneración por el Bautismo que de cualquiera otro sermón. La Regeneración por el Bautismo enseña que el nuevo nacimiento es efectuado por las aguas del bautismo. El sacramento es administrado por el hombre y está bajo su control. Sin embargo, la iglesia del siglo XX la “Regeneración por Decisión” es una falsificación más sutil a combatir.

La Regeneración por Decisión difiere de la Regeneración por el Bautismo únicamente en el hecho de atribuir la certeza de la realización del nuevo nacimiento a un acto diferente. Esa doctrina, así como la Regeneración por el Bautismo, ve el nuevo nacimiento como resultado de un proceso mecánico que puede ser llevado a efecto por el hombre. Lo que es aquí llamado de “Regeneración por Decisión” tiene, de modo engañoso, permeado mucho de la Iglesia Cristiana.

 

NUESTRO PROPÓSITO

Los métodos y la teología de aquellos que practican la “regeneración por decisión” necesitan ser examinados – no con un espíritu malicioso, pero si con un fervoroso antojo de que todo el pueblo de Dios pueda ser uno en la doctrina y práctica, para la gloria de dios. Amamos a todos los que están en cristo. Sin embargo, concordamos de todo el corazón con charles spurgeon que “la mejor manera de promover unión es promover la verdad. De nada nos servirá que estemos todos unidos por que nos dediquemos unos a los errores de los otros.

Debimos en los amar unos a los otros en cristo; pero no deberíamos ser tan unidos que ya no seamos capaces de entrever las faltas unos de los otros, y especialmente nuestras propias. no! purifiquemos la casa de dios, y entonces serán grandiosos y bendecidos los tiempos sobre nosotros”. Siendo así, nuestro propósito no es lo de cuestionar la sinceridad de algunos cristianos o maldecirlos, al contrario, es unir los cristianos en la verdad como ella es en nuestro señor. Eso solamente es verdadera unidad cristiana.

Así, como recogemos sinceramente traer unidad a la Iglesia de Cristo, déjenlos partir de aquello que es falso en dirección a la verdad de Dios. La práctica, en la Iglesia, de la “Regeneración por Decisión” debe ser expuesta en el sentido de salvar los hombres de la perjudicial ilusión de que, a través de una “decisión” o “haber llenado una ficha”, ellos están yendo hacia el cielo y ya no están más bajo la ira de Dios. La pureza del Evangelio es de extrema importancia porque solamente él es el poder de Dios para la salvación y la verdadera base de la unidad cristiana.

REGENERACIÓN POR DECISIÓN Y ACONSEJAMIENTO

Algunos pueden aún no haber entendido exactamente lo que es aquí definido por el término “Regeneración por Decisión”. Tal vez algunos no estén familiarizados con los cursos de aconsejamiento que están siendo ministrados por muchas organizaciones en este país y además de sus fronteras, y con las numerosas “Conferencias para Ganar Almas” que están aconteciendo. En esos encuentros los consejeros son instruidos que el aconsejamiento debe ser concluido, necesariamente, con la absoluta garantía de salvación al individuo. Consejeros son a veces instruidos a asegurar al individuo que su salvación es correcta porque él oró la oración que fue prescrita, y dijo “sí” a todas las preguntas que fueron hechas. Tenemos una ilustración de la “Regeneración por Decisión” cuando un predicador actual y popular enseñó un procedimiento al aconsejar. Él orientó el “Sr. Gana Almas” a preguntar al “Sr. Vacío” una serie de cuestiones.

Si el “Sr. Vacío” que diga “sí” a todas las cuestiones, él es invitado a orar la oración prescrita y, entonces, es pronunciado como salvo. En la mayoría de las veces ese tipo de aconsejamiento resulta en

alguien estar siendo “regenerado” a través de una decisión. Ese es, esencialmente, el mismo método de aconsejamiento empleado en las mayores cruzadas evangelísticas alrededor del mundo. Esas campañas son semejantes a las enormes fábricas despejando fuera tanto cuanto diez mil “decisiones” en una semana. Iain Murray, en su libro que vino en buena hora, “The Forgotten Spurgeon”, indica que ese mismo tipo de aconsejamiento es usado en el trabajo con los jóvenes: “Por ejemplo, un libro, que tiene mucha circulación en el evangelismo estudantil los días de hoy, afirma: Hay tres pasos, muy simples, para que alguien se haga un cristiano: primero, reconocimiento personal de pecados; y segundo, fe personal en la obra sustitutiva de Cristo. Estos dos son prescritos como preliminares, pero el tercero y último que hace de mí un cristiano… yo debo venir Cristo y tomar posesión de mi parte personal en aquello que Él hizo por todos. Este tercero y decisivo paso está conmigo; Cristo espera, pacientemente, hasta que yo abra la puerta. Entonces, Él entra… Una vez que yo haya hecho eso, yo puedo, inmediatamente, considerarme como un cristiano. La recomendación inmediatamente sigue: ‘Cuente a alguien lo que usted hizo hoy’.”

Hay muchas variaciones de ese tipo de aconsejamiento, sin embargo ellas tiene en común un elemento mecánico, así como la repetición de una oración o el llenado de una tarjeta, con lo cual es asegurada la salvación al individuo. La Regeneración es, de ese modo, reducida a un procedimiento que el hombre realiza. Que enorme contraste con la manera por la cual Jesus trataba con los pecadores. Él no tenía ningún proceso instantáneo de salvación. Él no hablaba al pueblo con una presentación estereotipada. Él lidió con cada individuo en una base personal. Nunca encontramos en el Nuevo Testamento a Cristo tratando con dos personas de la misma manera. Él trató diferentemente con Nicodemos en Juan 3, y con la mujer Samaritana en Juan 4. El aconsejamiento necesita ser personal.

Existe una serie de otros problemas con un aconsejamiento mecánico. Ian Murray advirtió el hecho de que en la base de ese aconsejamiento “un hombre puede hacer una profesión (de fe – N. de la T.) sin que nunca hubiera habido quebrada su confianza en sus propias capacidades; él puede nunca tener oído de la absoluta necesidad de un cambio de naturaleza, lo que no puede acontecer por su propia fuerza, y consecuentemente, si él no experimenta un cambio radical así, él no se queda preocupado. Él nunca oyó que eso es esencial, por eso no ve razón para dudar sobre su condición de cristiano. Por el contrario, la doctrina a la que él se sometió, consistentemente, milita contra esas mismas dudas.

Es frecuente oír que un hombre que hizo una decisión, aún con pequeña evidencia de cambio de vida, puede ser un creyente ‘carnal’ que necesite instrucción sobre santificación; o, si el mismo individuo va gradualmente perdiendo sus intereses, el error es frecuentemente atribuido la falta de ‘asistencia’, u oración, o alguna otra deficiencia de la parte de la Iglesia. La posibilidad de que esas marcas de mundanismo y de alejamiento sean atribuidas a la ausencia de una experiencia de salvación real desde el principio es raramente considerada. Si ese punto fuera llevado en cuenta, entonces todo el sistema de llamamientos,

decisiones y aconsejamiento va a entrar en colapso, porque va a traer a la toma el hecho de que el cambio de naturaleza no está en el poder del hombre, y que lleva mucho más que algunas pocas horas o días para establecerse si una respuesta profesada al Evangelio es genuina. Pero, al contrario, de hacer eso es dicho vehementemente que dudar que un hombre que ‘aceptó Cristo’ es un cristiano verdadero, es dudar de la Palabra de Dios, y que abandonar los ‘llamamientos’, y todo lo que viene con los mismos, significa abandonar el evangelismo totalmente.”

El aconsejamiento de la “Regeneración por Decisión” produce estadísticas que impresionan a cualquier cristiano – hasta que ese busque los así llamados convertidos. En una experiencia de quebrantar el corazón cuarenta de esos “convertidos” fueron contados, y solamente una persona, de entre los cuarenta, fue encontrada aparentando ser un cristiano. Una mujer parece haber sido alcanzada, sin embargo, cuáles los efectos del encuentro en los otros treinta y nueve? Algunos de entre esos pueden creer que sus destinos eternos fueron determinados por sus decisiones, lo que es una confianza fatal, si no fuera efectuada ninguna transformación en sus corazones y vidas. Otros pueden haber concluido que experimentaron todo lo que el Cristianismo tiene a ofrecer. Fallando en sentir o ver cualquier cambio en ellos mismos, ellos se convencen de que el Cristianismo es una farsa y que aquellos que lo sostienen son, al mismo tiempo, fanáticos autoilusionados o miserablemente hipócritas.

Robert Dabney, uno de los grandes teólogos del siglo XIX, hizo algunas observaciones muy pertinentes en relación a la desilusión de personas que han sido aconsejadas a tomar una decisión. Algunos de esos individuos, él dijo, “sienten que un truco cruel fue hecho, con base en su inexperiencia, por los ministros y amigos del Cristianismo, a hacerlos confiar en ellos, en la hora de su confusión, llevándolos a falsas posiciones, cuyas exigencias ellos no pueden cumplir y efectivamente no las mantienen, llevándolos la sagradas profesiones (de fe) las cuales ellos han sido coaccionados a repudiar vergonzosamente. Su respeto propio es, por lo tanto, herido al extremo, y su orgullo se queda indignado ante su exposición humillante. No es la toa que ellos ven la religión y sus sustentadores, desde entonces, con sospechas y odio.

Muchas veces sus sentimientos no paran ahí. Ellos están conscientes de que fueron totalmente sinceros en sus ansiedades religiosas y en el momento de sus resoluciones, y que sintieron extrañas y profundas sensaciones. Pero su amarga experiencia les han dicho que su nuevo nacimiento y su experiencia religiosa fueron como mínimo una desilusión. Sería, pues, más que natural concluir que la experiencia de todos los otros es desilusión también? Ellos dicen: ‘la única diferencia entre yo mismo y estos cristianos sinceros, es que ellos aún no detectaron el acertijo como yo ya lo hice. Ellos no están ahora ningún poco más engreídos de su sinceridad y de la realidad de sus emociones que yo aún estuve una vez. Aunque yo supiera que no había ocurrido ninguna transformación en mi alma; yo no creo que eso haya ocurrido en la de ellos.’

“Este es el proceso de pensamiento fatal por el cuál miles han pasado; hasta que la nación sea

salpicada alrededor por infieles, que así son hechos por su propia experiencia de sentimientos religiosos.

Ellos tal vez guarden para sí mismos la mayor parte de sus hostilidades porque el Cristianismo actualmente ‘está por encima’; pero ellos no están menos endurecidos contra el mensaje salvadora de la verdad.” Dabney registró esas palabras hace cien años atrás, muy antes de los días del “evangelismo de masas” y campañas super-organizadas. Si hace cien años atrás la nación estaba “salpicada alrededor por infieles, que así son hechos por su propia experiencia de sentimientos religiosos espúrios”, cual debe ser la situación hoy? Estaes una seria cuestión para todo cristiano. Conducir hombres, aún sinceramente, la una falsa esperanza será una horrible condena para un cristiano cuando él estuviera delante del Dios Todopoderoso.

 

REGENERACIÓN POR DECISIÓN Y LLAMAMIENTOS

Alguien puede leer miles de páginas de la Historia de la Iglesia Cristiana pero sin encontrar unasimple referencia a la “antigua práctica de los llamamientos” antes del siglo pasado. Muchos cristianos se sorprenden a lo que sepan que la historia antes del tiempo de Charles G. Finney (1792-1875) nada sabía de ese tipo de “invitación”. La práctica de incentivar hombres y mujeres a hacer un movimiento físico, en la conclusión de una reunión, fue introducida por Finney en la 2ª década del siglo XIX. El Dr. Albert B. Dod, un profesor de Teología del Seminario de Princeton, en la misma época del ministerio de Finney, apuntó hacia la novedad de la práctica y demostró que ese método no poseía precedente histórico.

En su resumen de Lectures on Revival, de Finney, el Profesor Dod afirmó que alguien podría investigar vanamente los volúmenes de la Historia de la Iglesia, a la busqueda de un único ejemplo de esa práctica antes de 1820. Al contrario, la historia nos dice que toda vez que el Evangelio era predicado hombres eran llamados a Cristo – no para decidir a finales de un sermón a manifestarse o no a través de alguna acción física. El apóstol Pablo, el grande evangelista, nunca oyó acerca de llamamientos, y aún hoy algunos consideran esa práctica como siendo una marca necesaria para una iglesia verdaderamente evangélica. De hecho, algunas iglesias que no usan esa práctica son, muchas veces, acusadas de no importarle los perdidos. Ni Pablo ni Pedro jamás concluyeron sus predicaciones forzando sus oyentes a la decisión de venir o no al frente. No es sólo la Historia de la Iglesia, por lo tanto, pero también la historia contenida en las Escrituras que, conjuntamente, atestiguan que el llamamiento está en conflicto.

Alguien podrá preguntar: “De que manera los predicadores del Evangelio en los primeros dieciocho siglos invitaban los hombres para que vean a Cristo sin el uso de los llamamientos?” Ellos lo hicieron de igual manera que los apóstoles y otros testigos de la iglesia primitiva. Sus mensajes eran llenos de invitaciones para todos los hombres, en todo lugar, para venir a Cristo. Ciertamente, debe ser admitido que el primer sermón de la Iglesia Cristiana no haya culminado con un llamamiento. Pedro, el día de Pentecostes, concluyó su sermón con estas palabras: “Esté absolutamente correcta, pues, toda casa de Israel

de que a este Jesus que vosotros crucificasteis, Dios lo hizo Señor y Cristo”.

Entonces el registro divinamente inspirado nos dice: “Oyendo ellos estas cosas, se compungieron el corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: Que haremos, hermanos?” (Hechos 2:36-37). Esa reacción fue el resultado de la obra del Espíritu de Dios, no de despiertos llamamientos o presiones psicológicas. Aquel día los apóstoles testificaron la conversión de tres mil personas. C. H. Spurgeon llamaba los hombres a venir a Cristo, no a un altar. Oigan a Spurgeon llamando hombres a Jesucristo: “Antes de usted dejar este lugar haga una oración sincera a Dios, diciendo: ‘Dios, sea misericordioso conmigo un pecador. Señor, yo necesito ser salvo. Me salva. Yo clamo por tu nombre… Señor, yo soy culpable, yo merezco Tu ira. Señor, yo no puedo salvarme a mi mismo. Señor, a mí me gustaría tener un nuevo corazón y un espíritu correcto, pero que puedo hacer? Señor, yo nada puedo hacer, ven y trabaja en mí de tal forma que yo Te sea agradable.

“Tú solamente tienes poder, yo sé Para salvar alguien despreciado como yo;

A quien, o para donde yo iré Si yo de Ti huyo? “Pero yo ahora, del más profundo de mi alma invoco Tu nombre. Tremendo, aunque creyendo, yo me entrego enteramente a Ti, ó Señor. Yo confío en la sangre y en la justicia de Tu querido Hijo… Señor, me salva esta noche, por Jesús.’ “Vuelva hacia casa solamente confiando en Jesús. ‘A mí me gustaría ir la sala de aconsejamiento!’ me gustaría de desafiarlo a eso, pero no estamos deseando conformarnos a la superstición popular. Nosotros tememos que en esas salas hombres sean coaccionados a una confianza ficticia. Muy poco de esos supuestos convertidos en las salas de aconsejamento permanecen firmes. Vaya a su Dios ahora mismo, dondequiera que usted esté.

Entréguese a Cristo, ahora mismo, antes que usted se mueva un centímetro.” Invitaciones como este que Spurgeon hizo, dirigiendo los hombres a Cristo, no a los pasillos de las iglesias, son necesarios hoy. Los sermones de George Whitefield eran largos llamados a Cristo, no a un altar. El mismo puede ser dicho de la predicacion de Jonathan Edwards, de los Reformadores y de otros en el pasado que fueron bendecidos conuna cosecha de muchas almas usando los medios de las Escrituras para llamar las personas Cristo.

Hoy los llamamientos se han hecho el clímax y la culminación del culto entero. Muchas estrofas de un himno son usualmente cantadas, durante lo que muchos tipos de llamamientos son hechos al pecador para que venga al frente, y es dada la clara impresión de que el destino eterno del pecador es determinado por ese movimiento de sus pies. El precioso himno “Tal cual estoy”, tal vez el más frecuentemente cantado en los llamamientos, fue escrito por Charlotte Elliott, en 1836: Tal cual estoy heme aqui, Señor, Pues tu sangre remida Vertiste por el pecador; o Salvador, me allego a Ti!

Esta última frase ha sido usada ampliamente a fin de animar las personas “a venir al frente”. Pero es significativo el hecho que Charlotte Elliott haya escrito este himno para los enfermos, y que él haya aparecido, de entrada, en un himnario preparado especialmente para inválidos. Para Charlotte Elliott, venir a

Cristo no significaba caminar por el pasillo en un auditorio. A pesar de que muchos de los que se utilizan de los llamamientos lo hacen conscientes de que venir Cristo no es sinónimo de venir al altar, ellos dan impresión, a los pecadores, de que el primer paso para venir Cristo es caminar por el pasillo.

Estoy, propositivamente, siendo muy cuidadoso para no apenas interpretar el caso. Yo entiendo la sinceridad de aquellos que practican el llamamiento para venir al frente, pues esto formó parte de todos los cultos de mi más tierna edad hasta a la universidad. De hecho, yo crecí en un círculo cristiano ignorando que el Cristianismo evangélico existía sin los llamamientos para venir al frente. En muchos cultos, durante ese tiempo, mi mente estaba centralizada en la gloriosa persona de Cristo y Sus sufrimientos en la cruz, sólo para encontrar el enfoque entero del culto de adoración súbitamente modificado, al final del mismo, desviando el contemplar las glorias y el sufrimiento de Cristo para el acto de ir al frente. Muchos otros han hablado de esta misma experiencia- que los llamamientos para venir al frente y otros llamamientos bien preparados, a finales de las reuniones, la decisión de caminar o no por el pasillo que conduce al frente, y el desafío de verificarse cuantos van a responder al llamamiento, han distraído su mirada de centrarse en Cristo y de la adoración a Dios en espíritu y en verdad.

Usted se acuerda como las multitudes seguían a Jesús hasta que Él comenzó a predicar algunas verdades impopulares? Entonces, las multitudes dieron media vuelta (Juan 6:66). Porque? No fueron ellas Cristo con sus pies? Sí, pero no es este el modo de venir Cristo que es necesario para la salvación. Cristo dijo: “Todo aquel que el Padre me da, ese vendrá a mí; y lo que viene a mí, de modo ninguno lo lanzaré fuera” (Juan6:37). Y nuevamente Él dijo: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió que no lo trajera” (Juan 6:44). En ninguna de estas oportunidades Jesús estaba hablando del movimiento físico de los pies.

Los hombres, hoy, necesitan recordar que venir Cristo no es recorrer un pasillo de iglesia hasta el frente, pero es la entrega de sí aún Cristo, para vida o muerte. Pueda Dios motivar la Iglesia a retornar a las Escrituras, para sus métodos de ganar hombres para Cristo. Puedan los pecadores sean desafiados, no a venir al frente en una reunión, pero si a venir al Señor Jesucristo.

 

REGENERACIÓN POR DECISIÓN Y PREDICACIÓN

La falsa enseñanza de “Regeneración por Decisión” esta incluida en la estructura de sermones. Jack Hyles, considerado por muchos como una autoridad tratándose de la predicación, da el siguiente consejo a sus compañeros ministros: “Muchos de nosotros en nuestra predicación haremos afirmaciones tales como: ‘Y frases son, algunas veces, peligrosas. El pecador ya sabe que en cinco minutos usted va a terminar; entonces él comienza a prepararse para no atender al llamamiento. Por lo tanto, si su conclusión es abrupta y una persona perdida no sospecha que usted está para terminar, usted va a tomarlo de sorpresa de modo que no podrá prepararse para el

llamamiento de modo que no responda. Muchos pueden ser alcanzados usándose este método”.

En una primera lectura de una enseñanza como esta, alguien podría creer, o quien sabe pensar, que entendió apenas el Sr. Hyles. La segunda, tercera y cuarta lecturas, sin embargo, confirmarán que Hyles enseña, realmente, que los hombres pueden ser convertidos a Cristo como resultado del uso de un método perspicaz por parte del predicador en su sermón, y que el destino eterno de alguien puede ser determinado por el impulso de un momento inesperado. Esta idea que la salvación de un hombre puede depender en ser este “tomado por sorpresa”, dando su reluctante consentimiento, está en conflicto directo con lo que las Escrituras enseñan acerca de recibir Jesucristo. En la realidad, el tipo de predicación que intenta sorprender los pecadores, resulta en la mayoría de las veces, en traer gente para la religión, no a Cristo. Puede haber un resultado más terrible para un sermón de llevar personas a alguna otra cosa que no a nuestro Señor Jesucristo?

La verdadera predicación no consiste en una despierta invención humana, pero en una manifestación del Espíritu de Dios cuando la verdad de Dios es proclamada. Jamás puedo olvidar de tener oído. el Dr. Martyn Lloyd-Jones ilustra que la predicación verdadera es, citando una experiencia de George Whitefield cuando este predicaba en la iglesia de Jonathan Edwards: “Allá estaba este genio, Jonathan Edwards, oyendo Whitefield, que no estaba en el mismo campo, es claro, del punto de vista de genio y habilidad y así por delante. Sin embargo, mientras él escuchaba su rostro brillaba, dice Whitefield.

El rostro de Edwards estaba brillando y lágrimas le caían por la cara. Edwards estaba reconociendo esta auténtica y autoritativa marca – la predicacion. Whitefield estaba en el Espíritu, Edwards estaba en el Espíritu, y ambos estaban sintonizando juntos. La congregación toda y el predicador eran uno en la mano de Dios. Es decir predicacion. Pueda Dios habilitarnos a practicarla y a experimentarla”.

La predicacion de la que el Dr. Lloyd-Jones está hablando, y de la cual el Nuevo Testamento habla, está distante de los artificios de trucos usados en mucho de la predicacion moderna. La predicacion bíblica declara que los hombres no son renacidos por la gana de la carne, ni de la gana de lo, hombre, pero de Dios (Juan 1:13). “Regeneración por Decisión” no conduce los hombres Cristo tanto cuanto no lo hace la Regeneración por el Bautismo. Es verdad que algunos son convertidos a través de este tipo de predicacion, pero esto acontece a pesar de los falsos métodos usados y no a causa de ellos. La Biblia es clara en declarar que los hombres pueden ser regenerados solamente por la actuación de Espíritu Santo. Verdadero arrepentimiento y fe salvadora vienen como el resultado del nuevo nacimiento y nunca como la causa de esta gran transformación. El arrepentimiento y fe son los actos de hombres regenerados, no de hombres muertos en pecados (Efésios 2:1-5).

Pero, Dios no actúa en nuestro lugar; Él no cree por nosotros; y, ciertamente, Él no puede arrepentirse por nosotros – Él no hace pecados de los cuáles deba arrepentirse. Nosotros debemos confiar en Cristo personal, intelectual y voluntariamente, para la salvación. Tampoco estamos diciendo que los predicadores no deben animar y suplicar a los hombres que se arrepientan y crean. Cualquier predicación que, meramente, representa los hechos del Evangelio, sin llamar los hombres al arrepentimiento y fe en Cristo, como Salvador misericordioso y poderoso, no es predicacion bíblica. Los apóstoles enseñaron que Dios salva sus elegidos a través de la locura de la predicacion. Todos los nuevos métodos creados por el hombre pueden sólo llegar a los pies de los medios establecidos para la conversión del pecador. La Iglesia debe abandonar sus invenciones carnales y una vez más ser guiada por la enseñanza de la Escritura si es de esperarse que Dios bendiga sus esfuerzos.

El significado bíblico de evangelizar es “que prediquemos Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles; pero para los que fueron llamados, tanto judíos como griegos, predicamos a Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios” (I Coríntios 1:23-24).

 

REGENERACIÓN POR DECISIÓN Y TEOLOGÍA

Siendo o no reconocido, el hecho es que siempre hay ciertas presuposiciones doctrinarias por detrás de los métodos empleados en el evangelismo. Que especie de enseñanza, entonces, ha permitido que la Iglesia abandone el Cristianismo Histórico y adquiera estas nuevas tácticas?

El nuevo nacimiento, según nuestro Señor Jesucristo, es una obra soberana del Espíritu de Dios en el corazón del hombre (Juan 3:8). Aunque en conflicto con la enseñanza de Cristo, uno de los fundadores de ese nuevo método de evangelismo declara que “Religión es obra del hombre”. Esta es una declaración chocante, especialmente en la primera página de Lectures on Reviváis of Religion (Predicaciones sobre los Reavivamentos de la Religión – trad.), el más influyente de los escritos Charles G. Finney. La gran diferencia teológica entre el evangelismo moderno y el bíblico se resume en esta cuestión básica sobre la verdadera religión, si es obra de Dios o del hombre. En la mejor de las hipótesis la doctrina de la “Regeneración por Decisión” atribuye el nuevo nacimiento en parte al hombre y en parte Dios.

J. H. Merle d’Aubigne (1794-1872), en su historia sobre la Reforma en Inglaterra, afirma que “creer en el poder del hombre en la obra de regeneración es la gran herejía de Roma, y de este error se originó la ruina de la Iglesia. La conversión procede de la gracia de Dios solamente, y el sistema que atribuye parte de la obra al hombre y parte a Dios es peor que Pelagianismo”. Uno de los mayores teólogos americanos, Charles Hodge (1797-1878), también apunta el peligro de esa enseñanza: “Ninguna otra doctrina, de las que destruyen el alma, podría ser tan bien divisada cuanto la doctrina que los pecadores pueden regenerarse a sí mismos, y arrepentirse y que crean cuando eso bien les agrada… la verdad es que el hombre nada puede hacer de sí aún para asegurar su salvación, y es confirmado tanto por las Escrituras cuanto por la experiencia, es esencial que él sea conducido la una convicción práctica de esta verdad. Cuando así engreído, y no antes, él recoge, entonces, el auxilio que viene de la única fuente de la cual puede ser obtenido”.

En ambas citas arriba, el énfasis es colocado sobre la incapacidad del hombre en nacer de nuevo, y la necesidad de Dios en crear vida. Es especialmente en esas dos áreas que la doctrina de la “Regeneración por Decisión” se desvía de la doctrina bíblica de la regeneración. Eso nos lleva a la cuestión crucial de la

“Regeneración por Decisión”. Cual es la condición espiritual del hombre? Puede el hombre nacer de nuevo por responder “sí” a una cierta lista de preguntas? Puede el hombre nacer “de arriba” por venir al frente en la iglesia? Puede el hombre hacerse un cristiano verdadero por responder a una invitación como resultado de ser “tomado de sorpresa”? Sus respuestas a estas cuestiones pueden ser determinadas por su visión de la condición espiritual del hombre. Cual es el estado espiritual del hombre? El viejo teólogo escocés Thomas Boston (1676- 1732) ilustra mucho vívidamente la condición espiritual del hombre al comparar el no convertido a un hombre dentro de un agujero. Él puede salir del agujero solamente en una de entre dos maneras: él puede intentar, a través de mucha perturbación y dificultades, escalar los lados del agujero hasta el tope, que es el camino de las obras; o, él puede agarrarse a la cuerda de la gracia bajada por Cristo y ser estirado de dentro de su miseria. Sí, él puede decidir dejarse estirar por la “cuerda” del Evangelio, “pero, finalmente, el hombre no convertido está muerto en el agujero, y no puede ayudarse en ninguno de los dos modos”. El hombre está muerto en pecados y transgresiones y no puede agradar Dios (Efésios 2:1; Romanos 8:8). Nuestro Salvador aún presentó el cuadro de la condición del hombre como siendo de extrema incapacidad: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió que no lo trajera”; “Nadie podrá venir a mí, si por el Padre que no le fuera concedido” (Juan 6:44,65).

Ese estado de muerte y esclavitud al pecado no puede ser cambiado por hacerse una decisión o por venir al frente. Un hombre no puede hacerse a sí aún un cristiano. Sólo Espíritu Santo puede crear un nuevo hombre en Cristo. Dios, en su gracia, da a los hombres nuevo corazón. Solamente entonces es que pueden desear que se arrepientan y creer en el Señor Jesús Cristo. Dios aún establece esa verdad cuando dice: “Daré un corazón nuevo, y pondré dentro en vosotros espíritu nuevo; quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré corazón de carne. Pondré dentro en vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos.. .”(Ezequiel 36:26-27). Jesucristo también dice claramente: “Así como el Padre resucita y vivifica los muertos, así también el Hijo vivifica aquellos a quienquiera” (Juan 5:21). La grandiosidad del poder de Dios en salvar pecadores sólo puede ser vista en contraste con el paño de fondo de la desesperada condición del hombre.

Que gloriosa doctrina es a del nuevo nacimiento para el pecador perdido! Pueda la Iglesia retornar a la doctrina bíblica de modo que evangelice, nuevamente, para la gloria de Dios. cuan incapaz la naturaleza culpable yace,

Inconsciente de su pesado corazón, el inconverso jamás subsistirá Para felicidad y para Dios. La voluntad perversa, las pasiones que ciegan, En caminos de ruina se desvían; Argumentos, disculpas, no pueden hallar El camino seguro y angosto.

Puede alguna cosa, abajo del poder divino, La voluntad endurecida dominar?

Solamente Tú, Todopoderoso Salvador, solamente Tú, Puedes formar un nuevo corazón. y transforma nuestros corazones miserables, Y les da vida divina! Entonces, nuestras pasiones y nuestras fuerzas, Señor Todopoderoso, serán Tuyas! Isaac Watts

ENTONCES, ¿QUE DEBEMOS HACER?

Ahora no es un tiempo de callarse, al contrario, es tiempo de proclamar. Nosotros ya nos mantuvimos callados por largo tiempo, de una cierta forma, sintiendo que se nos opusiéramos la esas prácticas no bíblicas, estaríamos encubriendo la buena obra del evangelismo, creyendo que, en medio a las multitudes de “decisiones”, había algunas conversiones genuinas. Pero, al pasar de todas las semanas, miles han sido aconsejados en una falsa esperanza! Hombres son orientados a venir al frente cuando deberían ser conducidos sólo a Cristo. La sublime llamada que debe constar en la predicación ha sido degenerada en una serie de trucos. Tales falsas prácticas resultan de la perversión de la doctrina bíblica. En medio la esas tinieblas oramos pidiendo que Dios se agrade de revivir Su Iglesia nuevamente. Ese reavivamiento sólo puede acontecer a través de Cristo. Los hombres necesitan retornar Su dirección hacia el aconsejamiento, a Sus llamamientos a los pecadores y a la predicación de Su Evangelio. Solamente entonces nuestros esfuerzos traerán gloria Dios, y se Dios así el permitir, muchos pecadores serán convertidos, para su gloria.