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1.- PORTADA HOMBRES SIN MENTE

HOMBRES SIN MENTE:

EL CONDUCTISMO

Y EL

CRISTIANISMO

 

GORDON H. CLARK

 

 

HOMBRES SIN MENTE: EL CONDUCTISMO Y EL CRISTIANISMO

 El conductismo es una teoría anti-cristiana que permea ampliamente las universidades seculares. Se expresó en una de mis clases cuando, en respuesta a algo que dije, una muchacha contestó, “Bueno, después de todo, tan sólo soy un animal.” Esta perspectiva también está infiltrándose actualmente en universidades y colegios que profesan ser instituciones cristianas. Si sucumben a esta infiltración, estas instituciones descenderán por el precipicio por el cual anteriores colegios y universidades cristianas llegaron a convertirse en instituciones seculares. Además, el conductismo también influencia los movimientos populares sociales y políticos. Por estas razones, los cristianos que creen en la Biblia deben prestarle una debida atención.

 ¿QUÉ ES EL CONDUCTISMO?

  El conductismo niega la existencia de cualquier alma o espíritu inmaterial; y si utiliza la palabra mente, quiere decir únicamente el funcionamiento de partes corporales. Para establecer la verdad de esta afirmación, para así evitar cualquier acusación de estar levantando un hombre de paja, voy a citar primero a algunos autores que presentan la teoría con amplia generalidad, y luego añadiré algunas de sus aplicaciones particulares.

 Una de las declaraciones más generales jamás hechas es la de Ernest Nagel en su discurso presidencial ante la American Philosophical Association. Él dijo, “La sucesión de eventos… y la conducta característica de varios individuos son contingentes a la organización de cuerpos espacio-temporalmente ubicados… El hecho de que esto es así es una de las conclusiones mejor verificadas de la experiencia… No hay lugar para un espíritu inmortal, no hay lugar para la supervivencia de la personalidad después de la corrupción del cuerpo que la exhibe.”

 Alguien que apareció muy temprano en la escena y que también fue uno de los más populares e influyentes entre los psicólogos fue John B. Watson. He aquí algunas de sus frases: El conductista ha “desechado de su vocabulario científico todos los términos subjetivos tales como sensación, percepción, imagen, propósito e incluso pensar y emoción dado que fueron definidos de manera subjetiva… Hablar abiertamente o a nosotros mismos (pensar) es un tipo de conducta tan objetivo como el béisbol.” Una vez más, “Nuestros estudios de los reflejos condicionados nos facilitan brindar una explicación del temor que tiene un niño hacia un perro sobre una base totalmente fundamentada en la ciencia natural sin estancarnos en la conciencia o en cualquier otro así llamado proceso mental.”

  Antes de brindar un poco más de documentación sobre el rechazo que el conductismo hace del alma, la mente y la conciencia, me gustaría mostrar que también tiene implicaciones políticas. Watson dice, “El conductista… quiere controlar las reacciones del hombre así como los científicos físicos quieren controlar y manipular otros fenómenos naturales. La meta de la psicología conductista… es controlar la actividad humana.” Él dice más adelante, “Me gustaría señalar que algunas veces tendremos una ética conductista, de tipo experimental, que nos dirá si es recomendable… tener una esposa o muchas esposas, tener pena capital o cualquier castigo de cualquier clase.” Aunque en esta página echa una mirada a la experimentación futura para decidir estos asuntos, en una página posterior dice de manera directa que “Castigo es una palabra que nunca debió haber surgido en nuestro lenguaje.” Watson escribió esto en 1924. La actual Suiza socialista y secularista ha declarado como un acto ilegal el que los padres propinen nalgadas a sus hijos o que incluso les reprendan con severidad.

  Watson era psicólogo. El mismo año en que publicó su libro, El conductismo, un filósofo, Edgard A. Singer, publicó un libro titulado La Mente como Conducta. Singer es mucho más profundo que Watson, o que cualquier otro de los psicólogos al respecto.

La penetración intelectual de Singer hace extremadamente difícil, y en verdad imposible, resumir su posición en una exposición popular de una hora. Pero, he aquí una muestra. Singer acepta la perspectiva mecanicista del universo. Todos los movimientos de cualquier átomo son causados mecánicamente. Ningún fenómeno viola jamás una ley de la física. No hay excepciones a sus ecuaciones matemáticas.

Esto incluye todos los movimientos de todos los cuerpos humanos.  Sin embargo, Singer también quiere preservarle al hombre algo llamado libertad, y para hacerlo debe clasificar teleológicamente algunos objetos mecánicos. Esto lo hace utilizando la maniobra de la clasificación cruzada. Su ejemplo favorito son los cronómetros. Todos los relojes del abuelo, demasiado altos para ser acomodados en los escaparates, son un mecanismo funcionando. Un reloj de sol no tiene ruedecillas, pero no podría asentarse en el pasto sin la ley de la gravitación. Los relojes eléctricos se diferencian de los relojes de sol y de los relojes del abuelo. No hay una sola descripción mecánica, ningún esquema, que describa a todos los aparatos para medir el tiempo. Estos aparatos o cronómetros no pueden ser descritos o clasificados mecánicamente. El concepto es teleológico. Tienen un propósito común no un mecanismo común. A partir del concepto de propósito en las cosas inanimadas Singer avanza hasta definir la vida, la sensación y la mente. Incluyendo fórmulas matemáticas para medir la intensidad de la sensación, esta serie de definiciones entrecruzadas es un triunfo filosófico. Los psicólogos, por otra parte, tienen pocas definiciones y sólo en raras ocasiones nos dicen lo que significan sus palabras.

 Finalmente, Singer define libertad, no como la habilidad de hacer una de dos cosas bajo las mismas circunstancias, sino como la libertad de hacer la misma cosa bajo muchas circunstancias. Lo que más quiere hacer el ser humano es sobrevivir. Ahora, un grano de trigo puede sobrevivir sólo en pocas circunstancias – los Evangelios nos dicen que no puede sobrevivir en el terreno duro de un camino o en terreno pedregoso; un ave es capaz de sobrevivir después de reposar en una roca al volar y alejarse; y un hombre es más libre que un ave porque puede sobrevivir en desastres que matarían rápidamente a un ave. Esta es básicamente la filosofía de Spinoza; ha sido reproducida recientemente por un escritor que profesa ser cristiano. Sin embargo, hay una cosa al respecto que no debemos dejar de notar. Es la siguiente: Aunque la clase de seres humanos – como la clase de aparatos para medir el tiempo – se define teleológicamente, todos y cada uno de los seres humanos – como todos los aparatos para medir el tiempo – están completamente determinados por las leyes de la física y la química. Y es el determinismo físico lo que quisiera refutar.

  Desafortunadamente no es suficiente citar solamente a dos conductistas. Dos más serían suficientes. Por lo tanto, Ryle and Skinner deben proveer un poco de documentación adicional. En 1949, Gilbert Ryle publicó El Concepto de la Mente. En él ridiculiza el dualismo cuerpo-mente como la teoría del Fantasma en la Máquina.  Con menos ridículo, lo explica como una categoría errónea. Su ilustración es interesante. Un padre lleva a su hijo a ver un desfile militar. El muchacho quiere ver al ejército. Mientras observan el padre señala hacia la banda, un batallón, un escuadrón, una batería, una brigada. Entonces el muchacho pregunta, ¿Pero, dónde está el ejército? De igual manera, la gente ve brazos y piernas en movimiento y pregunta, ¿Pero, dónde está el alma o la mente? No entienden que el alma o la mente son simplemente términos para designar todas las partes corporales y sus movimientos. Ryle dice explícitamente, “Cuando describimos a la gente como ejerciendo cualidades de mente, no nos estamos refiriendo a episodios ocultos de los cuales sus actos y expresiones visibles son efectos; nos estamos refiriendo a esas expresiones y actos en sí mismos.” En otras palabras, el genio de Bobby Fischer en el tablero consiste en la manera en que mueve sus manos y dedos cuando toma levanta una pieza y la coloca de nuevo en otra parte del tablero.

 No muchas páginas después Ryle dice, “Los desempeños inteligentes y visibles no son pistas hacia las obras de la mente; son, en sí mismos, esas obras.” Ryle, a lo largo de varios capítulos, elabora sobre esta base una teoría de la sensación y percepción, y tal como se indica, también de la inteligencia.

Este material está repleto de muchos detalles como para resumirlo aquí. Sin embargo, un artículo de Michael S. Gazzaniga, “El Cerebro Dividido en el Hombre,” muestra muy bien la forma de pensar del conductismo. Él hace referencia a cirujanos que cortan el cuerpo calloso en el cerebro para separar los dos hemisferios. “Cuando se cortó esta conexión entre las dos mitades del cerebro,” escribe Gazzaniga, “cada hemisferio funcionó de forma independiente como si fuese un cerebro completo… ¿Era el cuerpo calloso el responsable de la integración de los dos hemisferios cerebrales en el cerebro intacto? ¿Servía para mantener informado a cada hemisferio de lo que estaba sucediendo en el otro? … ¿Hasta qué punto eran realmente independientes las dos mitades del cerebro después de haber sido separadas? ¿Podían tener pensamientos separados e incluso emociones separadas?”

  Más adelante describe un experimento en el que “el hemisferio derecho vio la luz roja y escuchó al hemisferio izquierdo decir ‘verde.’ Sabiendo que la respuesta era errónea, el hemisferio derecho produjo una sacudida de la cabeza, que a su vez hizo ver al hemisferio izquierdo el hecho de que la respuesta era errónea, y que era mejor hacer una corrección.” También afirmó que “el hemisferio derecho tiene una gramática pobremente desarrollada.” En este punto debemos preguntar, ¿Puede un hemisferio cerebral ver rojo o verde? ¿Puede un hemisferio saber que una respuesta es equivocada? ¿Puede informárselo al otro hemisferio y decirle que corrija su respuesta? Pero incluso más fundamental que estas preguntas es la pregunta siguiente, ¿Cuál hemisferio sabe la verdad? Puesto que según esta teoría los hemisferios son fenómenos igualmente químicos, ¿cómo puede la química de uno ser cierta y la química del otro falsa? ¿Es la combinación de sodio y cloro para formar sal más verdadera o falsa que la combinación de plomo y oxígeno para formar óxido de plomo? B. F. Skinner

  Pero, antes de ofrecer demasiadas críticas, debemos considerar la documentación provista por el conductista más conocido e influyente de la época actual. El caballero es B. F. Skinner, y el volumen del cual se tomarán las citas se titula Sobre el Conductismo.

Aunque Skinner repudia una cantidad de los detalles de Watson, se aferra a la posición básica de que cuando uno se refiere a la conducta como estados de la mente, uno se hunde en la pregunta de cómo una mente inmaterial puede causar una acción física.

Por lo tanto, “una estrategia más explícita,” dice él, “es… describir simplemente lo que la gente hace.” Es obvio que Skinner quiere evitar el mentalismo. Igualmente obvio es su deseo de identificar las causas de la conducta humana y brindar explicaciones.

Pero esto lo lleva a usar términos mentalistas. Él dice que un niño come porque se siente hambriento. Defiende explícitamente su utilización de frases tales como, “He decidido… tengo en mente, soy consciente.” El problema es ver si puede utilizar estas frases mentalistas de manera ambigua después que ha negado su contenido mentalista. En un capítulo titulado “El mundo dentro de la piel,” dice, “Le respondemos a nuestro propio cuerpo con tres sistemas nerviosos.” Ahora, si la palabra cuerpo se refiere de manera inequívoca a un ensamblaje de brazos, piernas, órganos y tres sistemas nerviosos, ¿qué es el “nosotros” que le responde a este cuerpo? ¿No es este “nosotros” simplemente pequeñas partes de estos objetos físicos? Y la palabra responder en sí misma puede designar nada más que un complejo cambio químico. De modo que, ¿por qué debiésemos decir nosotros, él o ella, en lugar de esto?  Platón, en su diálogo Theaetetus, responde a un punto de vista similar. Su oponente, Protágoras, no era exactamente un conductista, pero al igual que ellos Protágoras había dividido al ser humano en un agregado de partes. Platón compara esto con el caballo de madera de Troya. Estaba lleno de soldados griegos. Un soldado se asomó por un agujero en el ojo izquierdo, otro se asomó a través de la oreja derecha.

Pero, Platón insistió, el caballo en sí no miraba nada. No tenía alma ni mente.

 Pero las discusiones de estas dificultades epistemológicas deben abreviarse si no hay tiempo de mencionar la moralidad. Toda filosofía conlleva implicaciones con respecto a la ética, y las implicaciones del conductismo no pasan inadvertidas. Skinner declara abiertamente su objetivo de alterar la moral y la política. Por lo tanto, debemos descubrir la dirección que Skinner trata de tomar; debemos examinar su justificación para ese cambio; y debemos juzgar la consistencia o falta de consistencia entre los principios fundamentales del conductismo y su ética derivada. El asunto de la consistencia se puede subrayar al colocar juntas las primeras palabras del capítulo doce en “El Asunto del Control” y la última oración de su capítulo final: “Un análisis científico de la conducta debe, creo yo [habla Skinner], asumir que la conducta de una persona está controlada por su historia genética y ambiental en lugar de estar controlada por la persona misma como un agente iniciador y creativo.” Luego, en la última página de su libro encontramos lo siguiente, “En la visión conductista el hombre puede ahora controlar su propio destino porque sabe lo que debe hacerse y cómo hay que hacerlo.”

 

 Estas dos oraciones, al menos a primera vista, parecen estar en abierta contradicción.

¿Puede Skinner explicar de alguna forma cómo puede ahora el hombre controlar su propio destino cuando en lugar de ser un agente iniciador está controlado por su historia genética y ambiental? La explicación que Skinner da es que el hombre mismo es una parte de la naturaleza y de la química de la naturaleza. Por lo tanto, cualesquiera que sean las reacciones físicas y químicas que ocurran en el cuerpo del hombre controlan automáticamente otros eventos en la naturaleza. Para citar: “La conducta humana es también una forma de control [y] ya no podemos detener el control de la naturaleza más de lo que podemos detener la respiración o la digestión alimenticia.” Esto ciertamente armoniza las dos declaraciones aparentemente contradictorias; pero el precio es la reducción del control humano al nivel del control exhibido por el hidrógeno, el sulfuro y el oxígeno en la producción de ácido sulfúrico.

  Satisfecho con esto, Skinner procede inmediatamente procede a “agencias o instituciones organizadas tales como gobiernos, religiones y sistemas económicos.” Y cuando escribe en un subtítulo “Ética y Compasión,” tenemos la impresión de una considerable brecha entre la compasión y el ácido sulfúrico.

  No le ponga mucha atención a la brecha, pero considere cómo continúa Skinner: “Nos abstenemos de hacerle daño a otros,” dice, “no porque sabemos cómo se siente recibir daño, sino (1) porque dañar a otros miembros de la especie reduce las posibilidades de que la especie sobreviva, y (2) cuando les hemos causado daño a otros, nosotros mismos hemos sido heridos.”

  Este argumento es falaz en dos sentidos. Es lógicamente inválido y sus premisas no tienen justificación empírica. Note que Hitler asesinó a cinco millones de judíos para garantizar la supervivencia de una especie humana mejor. Mao masacró a treinta millones de chinos, y en lugar de dañarse a sí mismo con ello, aumentó las raciones de alimento para los sobrevivientes.

  Además, aún si cierta conducta pudiera disminuir la probabilidad de supervivencia de la especie, ¿qué me importa eso a mí?

Después de todo, la evolución garantiza la supervivencia del más apto, de modo que no es asunto mío cuál especie sobrevive. De hecho, la raza humana ha probado ser un desastre natural. ¿Por qué debería sobrevivir? El conductismo no puede producir ninguna razón por la cual algo debiese o no hacerse.

EL CONDUCTISMO Y EL BÉISBOL

  Si ahora un pensamiento es un movimiento físico o químico dentro del cerebro, ello se puede ilustrar por medio de una bola lanzada en el Yankee Stadium. El estadio representa el cerebro o el cuerpo; la bola lanzada es el pensamiento. Suponga que el primer lanzamiento del juego es una curva hacia adentro. Ahora, dado que el lanzamiento es un evento pasado no puede haber sucedido previo a este juego, ni puede ser repetido en una entrada posterior. Claro, un lanzamiento en el tercer episodio también puede ser una curva adentro; pero no puede ser idéntico al primero. La curva adentro en el tercer episodio sucede quince minutos más tarde; su velocidad no es precisamente la misma; y rompe más o menos una media pulgada más arriba. Eso quiere decir que no puedo jamás tener el mismo pensamiento dos veces. Si pienso el pensamiento X a las 2:21 P.M., no puedo tener ese pensamiento otra vez a las 3:12 o nunca jamás. El conductismo hace que la memoria sea algo imposible.

 La respuesta más obvia a esto es que estos dos lanzamientos se parecen tanto el uno al otro que uno no puede notar la diferencia entre ellos. De modo que, aunque no podemos jamás tener el mismo pensamiento exacto, podemos no obstante tener un pensamiento similar. Pero esta contestación sólo complica la situación. El pensamiento de que la curva en la tercera entrada es similar a la curva en la primera tiene que ser la bola de nudillos en el cuarto episodio. La similitud es en sí un movimiento. Es un lanzamiento tan ubicado en el tiempo como los otros dos. Se produjo cinco o diez minutos después del lanzamiento en la tercera entrada. ¿Cómo puede entonces un movimiento que se produjo diez minutos después de la segunda curva conectar dos movimientos que ya no existen? Por lo tanto, el conductismo no puede descubrir que dos movimientos cualesquiera son similares.

  Hay una complicación adicional. Es de lo más obvio que ninguno de estos lanzamientos, ni ningún otro en el Yankee Stadium,. Puede ser el movimiento de una bola diferente en San Diego. El diamante de San Diego es una mente diferente. Dos mentes no pueden tener jamás el mismo impulso. Esta es la razón por la cual nadie más puede tener la menor idea de lo que Skinner y Ryle quieren decir. Ni pueden ellos mismos tener alguna idea de lo que escribieron, ahora que el episodio ha terminado.

 LA IMAGEN DEL RELOJ

  El conductismo niega la existencia de un alma inmortal. El hecho de que el cristianismo no puede tolerar esta negación es una tesis distintiva declarada por Juan Calvino. Para citar: “El hecho que el hombre consiste de alma y cuerpo es algo que no debe negarse… Cristo, al encomendar su espíritu al Padre, y Esteban, al encomendar el suyo a Cristo, no tienen otro propósito que ese, cuando el alma es liberada de la prisión de la carne, Dios es su guardador perpetuo. Aquellos que imaginan que el alma es… un aliento o facultad infundida divinamente en el cuerpo… caen en un gran error… ¿Cómo podría un afecto o emoción, sin esencia alguna, penetrar al tribunal de Dios? … Pues el cuerpo no se ve afectado por el temor al castigo espiritual.” Así dice Calvino, y más que no puedo citar ahora.

 

 Aunque sea sorprendente, Donald M. MacKay, un cristiano profesante, trata de convertir a los cristianos al conductismo en un libro titulado La Imagen del Reloj. Dado que el Sr. MacKay se propone combinar el conductismo con el cristianismo, podemos esperar que su material sea confuso y auto-contradictorio, pues el cristianismo conductista es tan imposible como el agustinianismo pelagiano. Tal combinación complica el análisis y la discusión. Un párrafo o incluso una sola oración en ocasiones, afirmarán y negarán ambos una doctrina cristiana. Por ejemplo, él afirma y niega – ambas cosas a la vez – la creación ex nihilo.

  Se debe notar que reconozco la presencia de elementos cristianos en su libro; pero para el propósito actual esta discusión se limita a la imagen del reloj de la mente del hombre y cómo este reloj conductista es incompatible con el cristianismo. Primero que nada, el Dr. MacKay mira la ciencia como algo que se basa en una información pura y observacional libre de cualquier extrapolación filosófica. Él declara de manera explícita, “Para poder explicar la conducta humana, se pueden buscar y encontrar de manera legítima las cadenas de causa y efecto en términos de la física.”

Note bien que estas cadenas de causa y efecto se encuentran, no se inventan, y se encuentran de manera legítima sin ninguna interpretación filosófica que modifique las leyes causales.

  Pero esta perspectiva de la ciencia es, en sí misma, una interpretación filosófica.

Asume que se puede encontrar información pura y sin interpretar, y que se pueden descubrir de manera legítima las leyes de la física con sus cadenas de causas y efectos a partir de esa información. Esta filosofía es precisamente lo que quiero negar. No hay ninguna información de este tipo, y la observación jamás descubre ninguna ley de la física. Mi refutación de esta visión empiricista de la física se puede estudiar en la monografía La Filosofía de la Ciencia y la Creencia en Dios; y también en el último capítulo de Horizontes de la Ciencia, editado por Carl F. H. Henry. Aquí quiero particularmente oponerme a la declaración del Dr. MacKay, “El evangelio cristiano invita a probar la experiencia diaria con el mismo espíritu, esencialmente hablando, de apertura a la evidencia que anima al científico investigador.” Esta reducción de la doctrina cristiana al nivel de una observación supuestamente sin interpretar es abiertamente anticristiana. El cristianismo no se basa en la experiencia; se basa en una revelación divina proposicional, las Sagradas Escrituras.

  Ahora, cuando los conductistas llegan a aplicar su teoría a lo que llamamos realidades mentales, entonces deben redefinir palabras tales como culpa, amor, memoria y conciencia en términos físicos y mecanicistas. En este punto el Dr. MacKay dice, “Note que estoy lejos de sugerir que una descripción mecanicista de este tipo sea necesariamente falsa.” Podríamos haber esperado que dijera lo contrario. Podríamos suponer que un conductista cristiano diría algo como lo siguiente: Las definiciones mecanicistas de términos mentales son científicamente útiles, pero no son necesariamente ciertas. Pero el Dr. MacKay dijo, “Estoy lejos de sugerir que sean falsas”

Si esto no es una negación explícita de la mente y la conciencia, al menos es una fuerte preferencia a favor del mecanismo físico y un desprecio del alma y el espíritu.

  El repudio del alma y la afirmación del mecanismo conductista se indican más explícitamente en su descripción del cerebro-mente como un letrero eléctrico. En el título de su libro presenta al hombre bajo la imagen de un reloj. Su ilustración extendida es la de un letrero eléctrico. El gran letrero eléctrico se describe completamente por medio de sus circuitos, “de forma tan completa,” dice él, “que entendemos por qué y cómo se encienden e iluminan cada una de las lámparas.” Ahora, puede ser verdad que los circuitos describen completamente cómo funciona el letrero; pero no pueden decir nada sobre el porqué funciona el letrero. Por qué incluye al ingeniero eléctrico que construyó los circuitos para que pudieran presentarle un mensaje inteligible al público. El esquema del circuito no explica ni al ingeniero ni su propósito. El mecanismo como tal no puede iniciar propósitos. Se requieren mentes inteligentes para iniciar un propósito.

  MacKay piensa en Dios como el ingeniero y deja a los seres humanos como seres totalmente carentes de mente. Esto se indica cuando dice que el artista divino crea “una cadena de malla que los observadores con mente científica pueden discernir.” Él habla de “los mecanismos del cerebro,” y se deleita en “lo que la ciencia ha alcanzado hasta aquí con su entendimiento mecanicista del hombre.” Muy clara es su afirmación de que “Cuando hablo de la empresa científica quiero dar a entender todos los esfuerzos por entender al hombre como un fenómeno en términos causales: en términos de química física en un nivel, y de fisiología en otro.” Esto, por supuesto, es de lo que depende Skinner para manipular a la gente y conducirla a su totalitarismo político y social. Luego, de una manera sumamente sorprendente, MacKay concluye su imagen del letrero eléctrico con las palabras, “Entonces, si nuestra personalidad humana está relacionada con nuestros cuerpos en algo como la manera en que un mensaje o un programa de computadora está asociado con su estructura externa, está claro que la ciencia del cerebro no tiene absolutamente nada que decir contra la posibilidad de la vida eterna.”

  Esta declaración es sorprendente porque es obviamente falsa. Si el fuego o una tormenta destruyen un letrero eléctrico, no queda ningún mensaje. El mensaje desaparece con la muerte; no queda vida en lo absoluto. Obviamente si el hombre es un mecanismo sin alma, no hay nada que permanezca después que el cuerpo se desintegra. Esto es precisamente lo que Ernest Nagel expresó con tanta claridad en su discurso presidencial. Si la mente es conducta, entonces, cuando la conducta cesa, ninguna mente continúa viviendo. Por lo tanto, creo que la teoría de MacKay es falsa, es absurda en algunos lugares, y está en contra de la Escritura.

 

EL CRISTIANISMO Y EL CONDUCTISMO

  Los argumentos anteriores afirman exponer algunas de las falacias del Dr. MacKay. Lo que sigue ahora afirma que la Escritura enseña la falsedad del conductismo. La Escritura afirma la existencia de Dios, ángeles, Satanás y demonios. Ninguno de estos seres tiene cuerpo. Ninguno tiene cerebro. Nada con respecto a ellos se puede describir por medio de leyes matemáticas. Sin embargo, todos ellos piensan. Claro, los conductistas seculares no creen en Dios o en los demonios. Esto es ahora irrelevante (!) por el argumento actual tiene el propósito solamente de mostrar que el Cristianismo y el conductismo no pueden ser armonizados.

Quizás un conductista cristiano (!) pudiera afirmar que ha estado pensando solamente en seres humanos. Pero si ha estado pensando en el pensar, su teoría del pensamiento se debiera aplicar a todos los seres que piensan. Obviamente no es así.

  Sin ninguna disminución de la fuerza concluyente de esta consideración, hay otros temas escriturales que refutan completamente el conductismo. Primero, en Génesis, Dios formó un cuerpo físico, que no podía pensar, luego sopló su espíritu en el barro, y la combinación formó un hombre viviente. Pero antes de recibir el espíritu el cerebro físico no podía pensar.

  Segundo, a Moisés no se le permitió entrar a la tierra prometida debido a un pecado que había cometido. “Subió Moisés de los campos de Moab… a la cumbre del Pisga… Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab… Y lo enterró [Jehová] en el valle… y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (Deuteronomio 34:1-6). En el curso de un siglo su cerebro se descompuso, y después de catorce siglos muy poco habría quedado de su cuerpo. Sin embargo, Moisés siguió pensando sin cerebro o cuerpo, pues en el Monte de la Transfiguración Moisés sostuvo una conversación teológica con respecto a la doctrina de la Expiación con un Jesús refulgente, quien tampoco podría haber estado usando su cerebro (Lucas 9:29-31).

  El ejemplo final es el de Jesús y el ladrón en la cruz. Jesús dijo, “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” Al atardecer, los cuerpos de Jesús y el del ladrón habían sido sepultados.

Estaban muertos. Sus cerebros ya no estaban funcionando. Sin embargo, las dos personas estaban disfrutando el paraíso. Sin duda el ladrón estaba alabando a Dios por su salvación no anticipada. Es decir, estaba pensando, pero no con su cerebro descompuesto. Pensar no es una función del cerebro.

  Ahora, finalmente, como el ladrón en la cruz y como Moisés, algunos de nuestros amigos ya han muerto; nosotros también moriremos, a menos que Cristo regrese en un año o dos; entonces, ya estando muertos, con nuestros cerebros y cuerpos ya sepultados, también participaremos de discusiones teológicas con Cristo y con aquellos que nos precedieron allí. La teología no requiere cerebros; requiere una mente o espíritu; y el conductismo es una negación del Evangelio.

 

Traducción de Donald Herrera Terán

 

 

 

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