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CONOCIMIENTO INNATO DE DIOS

Gordon Haddon Clark

 

 Traducción: Raul Loyola Román

 

CONOCIMIENTO INNATO DE DIOS

 

 

 

 

Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios de tal manera que los hombres quedan sin excusa, (1) sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; (2) por lo que le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia; (3) y además, para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, (4) por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, (5) y tanto más

  1. Romanos 2:14,15; Romanos 1:19,20; Salmos 19:1-3; Romanos 1:32 y 2:1
  2. 1 Corintios 1:21 y 2:13,14.
  3. Hebreos 1:1.
  4. Lucas 1:3,4; Romanos 15:4; Mateo 4:4,7,10; Isaías 8:19,20; Proverbios 22:14-21.
  5. 2 Timoteo 3:15; 2 Pedro 1:19.
  6. Hebreos 1:1,2.

cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia. (6).

Esta primera sección de la Confesión Fe de Westminster   afirma que la luz de la naturaleza nos da un poco de conocimiento de Dios. ¿Lo que la Confesión quiere decir con “la luz de la naturaleza”? Esto significa el sentido común? ¿Significa que la experiencia imprime una idea de Dios en la mente de todos los hombres? ¿Significa que la existencia de Dios puede ser rigurosamente demostrada partir de la observación de un fenómeno natural, como los teoremas de la geometría son rigurosamente demostrados a partir de los axiomas?

Por ejemplo, para seguir el diagrama de abajo, se puede demostrar correctamente que el ángulo 1 es igual al ángulo 3. La prueba es: el ángulo 1 más ángulo 2 es igual a una línea recta, o 180 grados; el ángulo 2 y el ángulo 3 son iguales a una línea recta, así, ya que tanto la línea AB como la línea CD son líneas rectas; Por lo tanto, restando el ángulo 2 de 180 grados, tenemos el ángulo 1 o el ángulo 3. Por lo tanto, son iguales. La demostración del teorema de Pitágoras es mucho más complicado, más cada paso es cierto y necesario. No se puede eludir la conclusión. Ella se demostró plenamente.

 

Tomás de Aquino, el gran filósofo de la Iglesia Católica Romana, creía no solamente haber elaborado una demostración infalible de la existencia de Dios, sino también que el apóstol, Pablo en Romanos 1:20, garantizaba tal prueba. Ya David Hume, a quien ninguna iglesia canonizó, argumentó que todas estas pruebas son falacias. Sin embargo, el salmista dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios.” ¿Qué implica esto? ¿Caso que implique una prueba cosmológica, podemos inferir de manera legítima que cualquier persona intelectualmente incapaz de aprender geometría, y que por lo tanto no pueda seguir el muy intrincada argumento cosmológico, no es responsable por sus pecados? ¡El conocimiento es la base de la responsabilidad, y el hombre desconoce! ¿O bien, podemos decir que incluso la existencia de Dios no puede ser demostrada, y todas las objeciones de Hume a los argumentos son correctas, sin embargo, la verdad del cristianismo no se ve afectada? ¿No es posible que el conocimiento de Dios sea innato? ¿No podemos haber nacido con una intuición acerca de Dios, y con este equipamiento   a priori para ver la gloria de Dios en los cielos? De esa forma, no seriamos obligados a aceptar la noción peculiar de que el apóstol Pablo, siglos antes también, habría aprobado las complejidades aristotélicas de Tomas de Aquino.

Esta discusión sobre la posibilidad de probar la existencia de Dios no termina con Tomás de Aquino y David Hume. Hoy en día, Karl Barth niega cualquier conocimiento natural de Dios. Uno de los textos de prueba que utiliza la Confesión es Romanos 1:19, 20, que dice:

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Karl Barth, sin embargo, insiste en que Pablo estaba hablando a los gentiles que abastecerán el conocimiento de Dios a través de su predicación. Barth niega que los chinos y los indios, antes de escuchar el Evangelio, puedan tener un conocimiento innato de Dios o derivado de la naturaleza. Esta es una interpretación muy inusual de Romanos, y parece ser tan errónea como el concepto de la aprobación Paulina previa de Santo Tomás .

Tal vez fuese mejor entender la situación en términos de ideas innatas o a priori. En el acto de la creación Dios implanto en el hombre el conocimiento de su existencia. Romanos 1:32 y 2:15 parecen indicar que Dios también implanto algún sobre moralidad. Nacemos con este conocimiento; el no se obtiene como resultado de la experiencia sensorial. Con la ayuda de este conocimiento innato, podemos cantar con confianza:

Señor, Dios mío, cuando yo maravillado

Veo las grandes hazañas de tu mano

Estrellas, mundos y truenos,

Para proclamar Tú nombre en amplitud,

Entonces Mi alma canta, a ti, Señor:

¡Grande eres Tú, Grande eres Tú! [1]

 

Dentro de los límites de esta primera estrofa, del primer capítulo de Romanos y la simple observación del universo, Dios no debe ser llamado Salvador. El compositor del himno, sin embargo, por su posición personal anterior cristiana se le puede permitir usar el nombre de manera proléptica.

¿Ya la Confesión, a partir de su construcción sistemática aclara inmediatamente que cualquier conocimiento del gran poder de Dios demostrado en la creación, no es suficiente para la salvación.

Incluso el conocimiento innato de la moralidad no proporciona ninguna información sobre cómo o incluso la posibilidad del perdón de los pecados. “Y le agradó al Señor, en varios tiempos y de muchas maneras, revelarse a sí mismo, y declarar a su Iglesia aquella su voluntad”.

 

Notas:

[1] – Nueva canción, São Paulo: Cristiano Cultura, 1999, N ° himno. 26, p. 21.

 

 

 

fuente:

 

What Do Presbyterians Believe?, Gordon H. Clark, páginas 9-11.

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